La mayor demostración de habilidad política de Kirchner fue aparecer como contraposición al modelo del cual surgió.

Pero lo que es aún más interesante es que lo hizo mediante la resignificación del mismo slogan:

“Acompañando este proceso de transformación y cambio”

Aquellas palabras que fueron para apoyar a Menem sirvieron también para combatirlo.

Actualmente y en gran medida, el uso de la “ideología” es la oportunidad para moldear una estética que permite ya no la necesidad de cambios de nombres, sino de cambio de discursos.

Y enmarcado en ese concepto se explica por qué el que hoy parece un revolucionario estadista que defendió a rajatabla los intereses de los argentinos y especialmente de los más humildes, haya surgido de las entrañas del menemismo.

Salute.

A quien le interese, les dejo acá lo que escribió Domingo Cavallo tras conocer la muerte de Kirchner.

 

Escribo esta nota mientras estoy volando de Washington a Madrid, vuelo que inicié apenas dos horas después de que recibí  la triste noticia del fallecimiento del ex Presidente, figura señera, si la hubo, de la última década en la Argentina. Si bien mis colaboradores en Buenos Aires hicieron llegar de inmediato una nota  de pésame sincero a su esposa y a su familia, siento en este momento la necesidad de trasmitir mis pensamientos sobre la mejor forma de ayudar a Cristina Fernández de Kirchner, no sólo a encontrar consuelo, sino, fundamentalmente, a poder desarrollar con eficacia las gran responsabilidad que  demanda su investidura como Presidente de todos los argentinos.

Yo conocí muy bien a Néstor Kirchner y me consta que era un hombre sumamente inteligente. Como Gobernador de Santa Cruz recibió todo mi apoyo, porque, a diferencia de la mayoría de los gobernadores, era fiscalmente prudente y gobernaba la provincia en línea con las reformas que estábamos llevando adelante a nivel nacional. Él también apoyó toda mi gestión como Ministro de Economía entre 1991 y 1996 y me siguió apoyando en mis intentos por llegar a gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Más aún, cuando yo competía con Duhalde y De La Rúa para la Presidencia, en 1999, él sugirió que Duhalde y yo presentáramos una fórmula conjunta, algo que resultaba imposible porque algunas definiciones de Duhalde en la campaña electoral hacían no creíble una alianza con mi partido.

Él me siguió apoyando mientras fui Ministro de De La Rúa, especialmente en mi apelación al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para que ajustara sus cuentas fiscales y redujera su endeudamiento con el sistema bancario. Su única desinteligencia conmigo, a fines de 2001, se produjo cuando yo le pedí medidas de ajuste a todas las provincias, incluida la suya, que nunca se había endeudado. Yo lo hice intentando suavizar el ajuste que debían hacer las provincias más endeudadas, en particular, la Provincia de Buenos Aires, pero él entendía que era injusto. Me temo que tenía razón, porque los dirigentes de la Provincia de Buenos Aires, prefirieron incendiar al País para evitar tener que pagar ellos los costos políticos de un ajuste explícito.