abril 2008


Carta de amor, audio.

El cielo ya no incita tu presencia. Tus gritos metálicos, tu ciclotimia tan exacerbada y femenina, tu indiferencia a vos misma.

¿Qué placer encontrás en lastimarte?

¿Qué placer encontrás en lastimarme?

Y ante la primer lágrima te desnudas, me invitás a acariciar los recovecos de tu cuerpo. Me entrego a tu aroma onírico. Me cerrás los ojos y el resto es inevitable; siempre sabés que música poner, cuál es el color de la noche; esa textura, esas palabras, dichas de esa forma, una vez más.

Caminás en las alturas, o por tus delirios de grandeza o por tu postura desafiante a los abismos. De rocker a martir. Vivir con vos es vivir en vos.

Quiero reinverarte; quiero que te liberes de tus trampas, de tu ego.

Pero vuelvo a verte caer; me arrastrás, me dejás sin aire. Esta postal ya la ví, ¿te acordás? Y cuando pasa eso Argentina, no se si seguir o abandonarte.

PD: Con respecto al audio, disculpen ustedes por la precariedad y la falta de talento. A los cercanos, gracias por las necesarias mentiras que dirán.

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Renunció un ministro que nunca lo fue.

Tenemos una presidente que no lo es.

El gobierno persiste en la contratación de enemigos. Disfruta de la confrontación (claro, desde la comodidad del poder)

El PJ se renovó. Ahora es el PJ.

El gobierno no asume la inflación pero al mismo tiempo acusa al campo de generarla.

Es llamativo el conglomerado de estupideces que repiten en forma permanente; de hecho hasta resulta meritorio: no es fácil recurrir siempre a los mismos errores; ellos lo logran.

Piano por favor

Pero nada de esto me importa hoy. Hoy todo aquello mencionado no mi indigna, me resulta indiferente. Pasó algo bello, acústico; y por allí transitaré.

Este modesto espacio no tiene pretensiones narcisistas. No está inspirado en la búsqueda de un desarrollo unipersonal. La participación no sólo es bienvenida sino necesaria, es el camino más digno y puro hacia una evolución colectiva.

Cuando se cumple este principio teórico permite experiencias como la que tuve ayer: conocer a una lectora. Un abanico de temas y dos personas motivadas gestaron un noble guión involuntario.

La pregunta acerca del “estudio” no goza de originalidad, por el contrario es de lo más trillada. Sin embargo, dio como respuesta esto (y reprimo los adjetivos):

“…Psicología, pero por un interés personal, porque me fascinan las teorías que se han inventado tratando de explicar los entramados de la psiquis humana. no porque pretenda analizar… por ahora no… mi pasión, mi motor, es la actuación, es mi pasión innegable y si algún día puedo vivir de eso, me consideraré exitosa…”

Ahora sí el adjetivo: sublime.

No por la psicología o por la actuación sino por su noción de “éxito”.

Es una chica que tiene 18 años dentro de un universo que le grita hasta en los sueños que el éxito es directamente proporcional a la magnitud de la cuenta bancaria.

Ella sabe y distingue que un tipo que tiene un Rolex no es más exitoso que otro, sino que es un hombre que tiene un reloj más caro. Ella desconfía de la publicidad que le dice “vivís en este mundo, necesitás Visa”. “¿Necesidad? Necesidades son otras”, seguramente responde cuando camina por la avenida Corrientes y un chico le pregunta si le puede comprar un sándwich.

Hace poco pensaba que el problema no es el dinero, sino la cultura.

El dinero es un elemento neutral y simbólico que dinamiza el intercambio bienes.

El conflicto radica en que se le han asignado atributos que trascienden su rol. El dinero, bajo la orbita de los mandamientos capitalistas más radicales, corrompe la psiquis y los valores de quienes lo tienen y de quienes no lo tienen. Tal como están planteadas las estructuras contemporáneas, resulta lógico afirmar que estamos inmersos en un sistema absolutamente extremista, por lo tanto irracional. ¿No debiera la razón tomar más protagonismo en la política y la economía?

El dinero es materia no materializada. La mera acumulación del dinero en exceso es semejante a la adquisición de decenas de autos o de lo que fuera.

Pero esta noche, estimados lectores, tengo dibujada una sonrisa que no se borra. Hay una chica de 18 años que si puede vivir de lo que le gusta, de su vocación, de su pasión, se considerará exitosa.

Muchas gracias Sofía.

El blog de Sofía: http://queveselcielo.wordpress.com/

El bar, palabras.

De los pocos bares que quedan, que hacen que Buenos Aires se siga pareciendo a Buenos Aires, brotan sentencias. Se combinan con cenizas, risas, voces roncas, historias en blanco y negro, amores que no fueron, amores que lamentablemente son, fulbo (fue orsai!) y la política.

En los bares no hay ideas, hay verdades; “escuchame, te lo digo yo.”

¡Ojo con las banderas! que se arma la percusión con las mesas y a todos les sale el tenor que llevan dentro.

Las verdades de los bares son simpáticas, son espíritu; son los adoquines que resisten al pavimento. Aunque muchas veces son un atajo para dar fallos aparentemente disparatados.

Del comentario que escuché en el bar, lo último que importa es la veracidad de su existencia. (Aunque si digo esto es porque seguramente no existió) (Aunque si aclaro esto es porque quien sabe)

El bar, el bar

Pedro es el fumador del grupo. La ley es ley, pero no para los amigos. Le dejan ser él en el bar (de siempre). Pedro sin pucho es inverosímil.

Los días de humo en la ciudad fueron la más sanguinaria de las condenas para Pedro. Los amigos (de siempre) lo acusaron incesantemente de la neblina urbana.

“Pedrito, pará de fumar, mirá el quilombo que estás armando”

Pasó un día, dos y tres. Pedro habló:

Pedro: Muchachos, ¿no les parece raro esto?

Paco: Se despertó Pedro, che

Jorge: ¿Qué cosa Pedrito?

Pedro: Esto del humo, viejo. A mi me parece raro, que querés que te diga. A una semana del quilombo con el campo. Luis, oime que vos sos el único con el que se puede hablar. ¿Vos alguna vez viste este humo en Buenos Aires? Si la quema de los pastos la hacen siempre y nunca pasó esto. Pensá en lo que viene pasando Luis, ¿me seguís?

Luis: Sí, ¿Pero a donde querés llegar Pedrito?

Jorge: ¡No me vengas con excusas y hacete cargo del humo de una vez!

(Risas)

Pedro: Pasó este tema del campo con el gobierno y por primera vez, la ciudad saltó con el campo. A la semana se prende fuego esto acá cerca. Salen a decir que son unos campesinos y nosotros nos llenamos de humo. A mí, lo que me llama la atención Luisito, es que justo en el choque más groso de un gobierno con el campo de las últimas décadas, pase esto una semana después, algo que además, nunca había pasado antes. Y justo además, cuando la ciudad por primera vez se había puesto con el campo. No se, es raro.

Paco: ¿Qué decís? ¿Que lo encendió el gobierno? No digas boludeces. Se quemó el pasto y se les fue de las manos, nada más. Además todos sabemos que fuiste vos con los puchos.

Pedro: En serio boludo. Pensá en la secuencia de los hechos. Que se yo, puede ser mucha casualidad.

Paco: Me parece demasiado.

Luis: Mirá, si ya macanearon una vez y armaron toda esa ensalada del secuestro del tipo…

Pedro: Gerez

Luis: Gerez, sí. Oime eso fue puro chamullo. La verdad que prender un pastito de más cuesta mucho menos que armar un falso secuestro.

Paco: Sos gorila eh!

Luis: ¿Pero que tiene que ver?

Pedro: Si…-dice contemplativo- Lo prendieron ellos para que haya bronca entre el campo y la ciudad. Justo una semana después del quilombo más grande con el campo en tanto tiempo. Dejate de joder.

Paco: Para para. ¡Gol! ¡Vamos Racing carajo!

Pedro: Que golazo.

El bar, después del bar

Y el bar siguió contando y haciendo nuevas historias. Pedro se fue a su casa con una nueva certeza impregnada.

Al día siguiente, el humo desapareció; y el tema pasará a ser una anécdota.

“¿Te acordás aquella vez como nos ahogó Pedrito con sus puchos?”

Se amplía el staff. Hoy escribe Fanto.

Saludos Cordiales.

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Hay miedo.

Detrás de cada sonrisa, de la elección del vestuario, de esa danza al andar.

Hay miedo a la soledad.

El BAFICI potencia personajes y se devora personalidades. La combinación de las palabras “Cine, Buenos Aires, Festival, Independiente” exacerba los deseos de pertenencia. Los personajes de las pantallas se ven opacados por los espectadores.

Hay mucha ficción en las butacas.

La publicidad se regocija con su éxito: Hoy es la diferenciación, man.

Todos actúan igual en la pretensión de ser distinto.

A la mina le gustó. Él no dijo una idea, pero ese saco, esos pantalones, la bufanda, los lentes, un principio de barba y a veces una boina, da por resultado (redoblante. Chan chan. Suspenso) un intelectual.

Soy creativo, tengo un pulóver verde y violeta. Cool.

“Odio los cools, nosotros somos anti-cool”, escuché.      Es muy cool.

Es así estimado, no sea nostálgico; usted ya no es lo que es, sino lo que muestra (tiene).

Hay miedo a la verdad.

Hay miedo al espejo.

Hay miedo a ir al kiosco y ser uno más.

Narciso

Emmanuel Horvilleur

Se pintan la cara de blanco, se ponen las siete alfileres en la cara y se hacen la cordillera de los andes en la cabeza para ir a Pago Fácil. ¿Lo harán?

El BAFICI es una fiesta de disfraces. ¿Cuántos grupos se sostendrían sin sus máscaras?

Hoy está caro. Hay que pagar la entrada y el brillo.

Maquiavelo está vigente: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.”

Saludos y escuchen a Lennon: “hola que tal, escucho a lennon”, NO!

No lo escuches para contar que lo escuchás.

Sólo escuchá.

La diferencia está adentro; el resto es decorado.

Publicado por Fanto para “Pensando por un sueño”

Gracias presidenta por haber hecho mención de esta obra.
De no ser así, me hubiera pasado desapercibida.

Cuando se empieza a hojear las páginas de la historia, se puede percibir que hay un componente común; un hilo conductor de todos los capítulos, un mismo esqueleto para distintas épocas y lugares. Se trata de la presencia de la ironía.
Aquí algunos pocos y populares ejemplos:

Que Menem diga que es Peronista.
Que Hitler haya sido un producto del voto popular.
Que Fidel sea uno de los políticos más ricos del mundo.
Que Bush acuse a alguien de Terrorista.

En estos tiempos, claro está, la ironía es una estrella pública y reluciente.
Y esta cualidad implica la presencia de la ironía sobre su propio significado.
Esto es: La ironía es tan visible y tan obvia, que ya no sorprende (esto es aún más irónico).

Retomo un concepto que creo haber mencionado en algún artículo anterior. Más allá de las sospechas sólidas sobre lo sincero o lo genuino de la decisión del gobierno de haberse vinculado activamente a las causas de Derechos Humanos, es visible e irrefutable que durante esta gestión, se ha avanzado sobre el esclarecimiento de los crímenes ejecutados desde el Estado en los 70.
Creo firmemente que la intervención militar (y las semillas que la antecedieron) fueron perversas desde todo punto de vista. Pero lo más triste de nuestra historia no es que un grupo de militares mató a montoneros, estudiantes, comunistas o lo que fuera. Lo más triste es que se intentó aniquilar la disidencia, se intentó abolir la diferencia, se pretendió “objetivizar” a los sujetos. Esto es lo que nuestra presidenta debiera incorporar (como todos nosotros) de las lecciones que nos da la memoria.

Pero lamentablemente estamos cada día más distantes de esa realidad.
He notado algunos tics imperativos del gobierno de los que en algunos casos ya hice mención. Alguno me dirá que soy redundante y lo comprendería. Pero mi insistencia está ligada en forma proporcional a mi preocupación. Quiero decir, lo que antes interpretaba como reacciones violentas a situaciones particulares, ahora empiezo a creer que, en realidad, se trata de una planificada metodología del ejercicio del poder.
Y ahí es donde la ironía toma protagonismo. Al gobierno que públicamente más ha desmenuzado y condenado a la mencionada sección de la historia, se le puede atribuir algunos patrones de conducta que paradójicamente son comparables con los que critica. No en los resultados, pero sí en las intenciones.

Sabemos lo que ocurrió con los “caceroleros” en Plaza de Mayo. A eso hay que sumarle que pocos días atrás el periodista Jorge Fontevecchia fue agredido física y verbalmente por un grupo de manifestantes oficialistas. Lo mismo ocurrió con Ricardo López Murphy.
La violencia es un instrumento avalado y promocionado por el gobierno.
No pretendo alimentar la paranoia ni hacer comparaciones poco felices. No me voy a sumergir en la irracionalidad. Pero si se repasa al “terrorismo” como concepto, nos encontramos con la siguiente definición que nos brinda “Wikipedia”: El terrorismo es una sucesión de actos de violencia que se caracteriza por inducir terror en la población civil de forma premeditada. Dentro de los comportamientos forzados por la amenaza del terrorismo en dicha población civil se incluyen la aceptación de condiciones de muy diversa índole: políticas, económicas, lingüísticas, de soberanía, religiosas, etc. Cuando este tipo de estrategias es utilizado por gobiernos oficialmente constituidos, se denomina terrorismo de Estado.
Como dije, no estoy insinuando esa barbaridad; sería incluso una falta de respeto para quienes han perdido la vida por ser, simplemente, ciudadanos. Pero hay un aire en el ambiente tenso y denso. Un microclima de gargantas desgastadas, de caras transpiradas, del impulso al adjetivo doloroso, del bien, del mal, de nosotros, de ustedes, de patria, de colonia, de golpe, de oligarquía, de matones, de golpes, de insultos, de democracia. ¿De democracia?
Mientras en ínfimos días sucedieron esas indeseadas y novedosas (para los más jóvenes) escenas, el gobierno lanzó un observatorio de medios y corre el rumor de que Rudy Ulloa pretende adquirir Telefé .
Golpes a periodistas, a políticos, a manifestantes pacíficos; compra y control de medios.
Y en este contexto, el gobierno recurre a la receta de gritar desaforadamente la palabra “democracia” en cada paso que da.

La ironía está en su auge.

Pasan cosas raras en esta Argentina.
Porque además cabe recordar la vida de los Kirchner en los 70 , de sus concepciones sobre los modelos económicos en los 90 y de que hoy en día mientras sus aficionados gritan “Patria sí, Colonia no” le renuevan el contrato a Pan American para explotar el petróleo del sur por 20 años (con opción a otros 20).
Frecuentemente disfruto del uso de la ironía, por eso, desde la modestia de este espacio, quiero distinguir al gobierno por manejar con tanta excelencia ese recurso. Felicitaciones.

(Tal como explícitamente se menciona en el título, el presente texto es la continuación del anterior; es el segundo fragmento de una unidad. Para quien no haya leído la primera parte, ni pretenda hacerlo, es vital saber que la tipografía roja, corresponde al artículo de José Pablo Feinmann y la negra corresponde a mi apreciación acerca de sus párrafos.)

Me apena, Beatriz, y me da bronca también que tu gorilismo haga de mí forzosamente un peronista. Porque ya no quiero serlo. Me gustaría ir más allá. Avanzar, pero sobre esa base, eh. No negándola neuróticamente. En la Argentina, un partido de centroizquierda (que es lo más que podríamos lograr, y no la reforma agraria como piden los eternos despistados) no debiera desconocer algunas cosas que el peronismo hizo, y debiera abominar de otras: del Perón que puso a Villar (asesino educado por los paras franceses, formado para la tortura en la Escuela de las Américas, el que rompió con una tanqueta las puertas del PJ en donde eran velados los muertos de la masacre de Trelew) en la Jefatura de Policía, del Perón que pidió que ficharan a la periodista Ana Guzzeti porque le había hecho una pregunta incómoda ¡en una conferencia de prensa! (¿Ves? Será por eso que K no las hacía. A ver si le surgía el Perón que todos llevan dentro y pedía que lo ficharan a Morales Solá.) Pero eso es lo que me molesta de los gorilas: son tan cerradamente antiperonistas, tan intolerables en su odio de clase o en la negación de su pasado, que la creatividad se les torna imposible.

A mi lo que me apena es que la disidencia ideológica le reprima sus deseos ocultos. Es más que noble su pretensión evolutiva, y como apoyo esa causa, le sugiero que no se subestime, ya que usted tiene los recursos espirituales e intelectuales para ir más allá.

Usted hace referencia al odio del antiperonismo pero fíjese la paradoja, es su odio al anti antiperonismo lo que lo lleva al estancamiento. Muchas de las páginas del Peronismo tienen un valor excepcional, pero por otro lado tiene otras que son para el olvido (o mejor dicho, para la memoria). En su valorable búsqueda por mejorar al Peronismo le sugiero que no se aferre a sus virtudes, sino a sus defectos, puesto que son éstos los que hay que reformular.

Al leer la última oración de su párrafo, me dio la sensación que usted padece aquello que critica del antiperonismo. Usted ha evidenciado ser cerradamente peronista, asumiendo incluso, que por el momento se le imposibilita trascender a ese “pensamiento”. Ha demostrado ser intolerable en su odio de clase a lo largo de su texto. Y sin duda, la creatividad se le ha tornado imposible.

Ahora bien, demandar tolerancia o amplitud a quienes no son afines al peronismo cuando históricamente la intolerancia (que bien se evidencia en el ejemplo que usted cita) y la exclamación del “único camino”, han sido una constante en el Peronismo, habla de un pedido constructivo pero que roza lo tragicómico.

Breve acotación sobre el ejemplo que usted menciona sobre la periodista Ana Guzzeti: Las preguntas sólo son incómodas cuando las respuestas son incómodas.

Segunda acotación y también breve: me sorprende de usted, protagonista de la década de las utopías, que ahora trate de “eternos despistados” a los que todavía las tienen. Porque más allá de algunas diferencias que pueda tener, reconozco que los utópicos de hoy tienen un doble mérito. El primero es la constancia, y el segundo, es el hecho de que tener utopías cuando el contexto se ha encargado de abolirlas, puede percibirse como una ingenuidad pero, al mismo tiempo, tiene incluso más valor, por el hecho de seguir corriendo con viento en contra.

(Sarlo ha dicho que reniega de todo lo que escribió antes de 1980, creo que ésa era la fecha, cito de memoria, ¿cómo es posible eso, cómo es posible cercenarse así? ¿Por qué, porque acompañó al peronismo en ciertos trechos, porque estuvo en el PCR apoyando a Isabel pero con la comprensible actitud de bloquear el golpe?) El gorila te obliga a defender al peronismo. Porque te das cuenta en seguida de lo que siempre está detrás del gorila: nosotros, te dicen, no somos ellos; no somos los negros, las clases inferiores, la barbarie que describió Sarmiento. Somos cultos, somos blancos, somos educados y si no lo entienden los vamos a matar a todos de nuevo. Porque también –desde Ambrosio Sandes, Paunero e Irrazábal hasta Videla– somos los que mejor y más hemos liquidado gente en la Argentina. El primer peronismo, señores, con todo lo autoritario y enemigo de la democracia que fue, tuvo un solo, lamentable muerto: Ingalinella. Después vino la Triple A: que mató peronistas, a Troxler, a Atilio López y a valiosos hombres de la izquierda como Silvio Frondizi. Pero sobre todo: peronistas, cuadros de la JP, clandestinos y de superficie. Pero la patria agraria y financiera que respaldó a Videla y Martínez de Hoz arrasó con una generación completa. Estoy harto de discutir con gorilas, Beatriz: no quiero defender al peronismo. Quiero pensarlo. El gorila, con su odio, te impide pensar.

Honestamente lo noto algo paranoico pero con absoluta modestia creo poder tranquilizarlo. Creo que está sobrestimando y magnificando el verdadero poder actual de los que son partidarios de la dictadura militar. Mire, de las últimas elecciones presidenciales, en las que la presidenta ganó notoriamente, hay un 45% de personas que afortunadamente no son afines a la mencionada tiranía. Pero tampoco creo que en el 55% del resto de los electores haya demasiados. Tengo firmes convicciones y argumentos que me permiten asegurar que ni los votantes de Carrió, de Lavagna, de Rodríguez Sáa, de Pino Solanas, de López Murphy y de Vilma Ripoll podrían siquiera insinuar, alguna vez, que avalarían el retorno de la barbarie. Basándome en un prejuicio que incluso me incomoda, me animaría a sospechar que algunos de los ínfimos votantes de Sobisch podrían llegar a reivindicar algunos de sus “valores”.

Despójese del ego. No piense que el que no es peronista sí es tirano.

Usted piensa que todo alemán que no es oficialista es Nazi?

Usted piensa que todo aquél que no votó a Zapatero es Franquista?

En cuanto a Cristina F., Sarlo dice, con frialdad, que “se dice” que “habla bien”. Reconoce que habla “de corrido”, que no vacila y que no se confunde “con los tiempos de los verbos”. Eso solo, Beatriz, haría de Cristina F. uno de los presidentes o de los políticos más insólitos de nuestra historia. Pero discrepo con Sarlo: Cristina F. no habla bien por no confundir los tiempos de los verbos, habla bien porque dice verdades que pocos se atreven a decir. Porque tiene razón es que habla bien. Porque hoy, ante este semigolpe institucional, ante este odio de clase, ante esta bronca que le tienen a este gobierno (sobre todo, como bien dice ella, por su política de derechos humanos), que los proto-golpistas califican de “revanchista”, “montonero” y “terrorista”, elementos de los que dicen se compone, la Presidenta no se amedrenta y les dice a los agro-piqueteros que son los “piquetes de la abundancia”. Y algo impecable, de una enorme justeza para definir la “tragedia” de los grandes productores (los pequeños es otro asunto que habrá que diferenciar): que el problema que tienen, dice Cristina F., la causa por la que luchan, reside en que si tienen tres 4×4 jamás aceptarán el despojo de tener sólo dos. Por eso habla bien Cristina F. Porque habla instrumentando el sentido que los griegos y toda la tradición de la filosofía de Occidente hasta Heidegger da a la palabra logos. Logos es pensamiento, concepto, discurso, razón. Y, muy especialmente para el tema que tratamos, logos es inteligencia. ¡Esto es un escándalo! El agro-golpismo, los ilustrados de la derecha y hasta los malhablados de las radios enfrentan hoy a una peronista que no sólo es inteligente, sino, además, mujer. Este “escándalo” los tiene locos. No lo pueden tolerar. Cristina F. tendrá que usar largamente su logos para que lo toleren, para que lo entiendan. De ahí, no de ellos, surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

Disiento profundamente en todo este extracto. Explicar los motivos sería redundante considerando la existencia de mis anteriores párrafos.

Lo que sí convendría aclarar es que probablemente Cristina se haya animado a decir cosas que otros no; pero seguro son muchas más las que no se animó y por eso nunca se ha enfrentado a una pregunta genuina. Es factible, como usted bien menciona, que en ese ámbito tendría los vicios de Perón. Si pudiera superar esa instancia, entonces sin duda surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

José Pablo, lo disfrutaba mucho más como grieta que como sistema, pero en fin, cada uno elige su camino.

Saludos cordiales.

Artículos de los que se hace referencia:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html

http://www.lanacion.com.ar/998895

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