febrero 2008


Pronto llega la segunda parte, mientras tanto recomiendo leer los comentarios (=aportes) del artículo que está justo abajo de este.

Más que bienvenido el que quiera imprimir sus ideas en esta página.

saludos.

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Si hay algo que han aprendido y aprehendido algunos políticos contemporáneos, es un término que la mera mención los eleva a lugares que en general, no lo merecen (y por eso lo hacen): Derechos Humanos.

Pero el hecho es que un gran porcentaje de la población tiene una visión parcial y tiende a suponer que el término tiene sus fronteras en épocas o hechos particulares.

Propongo que, para quien tenga la voluntad, lea la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”: http://www.un.org/spanish/aboutun/hrights.htm

 

Así como soy un acérrimo crítico de todas las políticas realizadas en la dictadura militar Argentina, no puedo entonces distraerme en los padecimientos que tienen los cubanos para ejercer su libertad individual. Desafortunadamente, si bien los objetivos económicos y sociales de ambos regímenes son opuestos, el accionar político tiene un mar de semejanzas:

El que se opone al régimen es castigado;

Nativos que escapan de su propio país;

Ausencia total de una representación legitimada por el pueblo;

Y así, entre otros ingredientes.

 

Punto

Y aparte.

 

 

Casi en forma simultánea me llegaron el video que se presenta anexado a este artículo, como también, y de una forma casual, la presente declaración de abril del 2004 del representante de Honduras en la ONU, Benjamín Zapata: “Es nuestra esperanza (…) que el gobierno cubano tome ciertas medidas, ciertos pasos que permitan una mejor calidad de vida a su gente, y evitarse este tipo de continuos llamados por parte de la Comisión de Derechos Humanos”.

 

Claro está que la potencia de la frase se diluye al evidenciar la fecha de su gestación pero, sin embargo, es totalmente válida para sintetizar un accionar inescrupuloso que se ha gestado durante largos años.

 

¿Con qué autoridad moral cualquier gobernante de Latinoamérica puede denunciar el no cumplimiento de los derechos humanos en Cuba? (recomiendo a esta altura para los que no lo hicieron, leer la declaración previamente mencionada)

 

Vaya capacidad histriónica debe tener, vaya incesante ceguera; ¿a cuántos kilómetros de cualquier principio moral debe estar como para acusar a un país de la falta de expresión cuando en el suyo hay falta de nutrición?

 

Y el cuento siguió así…

 

Mientras aquellos diplomáticos se paseaban por Ginebra discutiendo sobre la falta de democracia en Cuba, en sus países morían miles de personas por enfermedades absolutamente evitables.

 

Un tercero se sumaba entusiasmado:

-Che, no se olviden que además son todos pobres- mientras en su país hay una epidemia de miseria.

 

Y el cuarto, ya con una copa en mano, agregó, creyéndose gracioso (peor todavía) (no?):

-que le espera a esos niños, mirando en su cuaderno la foto de Fidel- mientras estos llevan cuadernos, los de su tierra tienen las manos con restos de pólvora.

 

Es verdad que en Cuba hay cosas repudiables, pero si fuera dirigente latinoamericano en lugar de andar haciéndole gastar dinero al estado en pasajes a tales convenciones, lo cambiaría por comprar grandes espejos.

 

Puedo decir abiertamente que hay cosas que comparto con Kirchner. Por ejemplo, la recurrente invitación a hacer uso de la memoria. La memoria es un vital instrumento para la construcción. Pero para eso es preferible despojarse de los resentimientos; claro, siempre y cuando esta opción sea mínimamente viable considerando que la temática de algunas manchas de nuestro pasado es la propia muerte.

 

“¡Que desalmado!” pensará alguno que me malinterpreta. “Acá, con un textito pretende que una madre no tenga resentimiento cuando le mataron al hijo”

Haga su propia aventura:

Elija entre las siguientes opciones:

a) Si usted es uno de los que cree haber comprendido lo que pretendí narrar, puede evitar los párrafos naranjas, ya que en realidad, la violencia, no es el eje de este artículo.

b) Si usted en este momento me está insultando, y todavía esta frente a estas líneas, le propongo que lea lo siguiente a ver si se aclara el panorama.

 

“La buena memoria es principio de la sabiduría.”

Seneca

En principio, creo prudente mencionar que el siguiente criterio sobre la aplicación de la memoria está pensado no para un individuo ni para un conjunto de individuos, sino para lo que emerge de esa interacción: la sociedad.

Como mencioné con anterioridad, una sociedad con memoria es una sociedad con brújula. La memoria nutre al conocimiento y a la intuición. Pero lo verdaderamente trascendental aquí es como canalizar la “contribución” del pasado para que efectivamente tenga tal notable efecto.

La memoria constructiva es la que reconoce el pasado como tal y tiene como máxima pretensión detectar, analizar y reflexionar sobre los hechos para aprender de ellos.

La memoria resentida es la que, paradójicamente, logra eternizar lo repudiable.

Claro, en general, la implementación de una u otra dependerá básicamente de la presencia o ausencia de la Justicia.

Podría dar algunos ejemplos sobre el rótulo de la memoria en algunos y otros casos, como el conflicto con el pueblo judío en occidente (en Europa es delito negar el genocidio), en contraposición al vigente conflicto en medio oriente. Claro, el tema es complejo y merece un análisis mucho más profundo del que yo puedo brindar en este artículo, especialmente, porque tiene otra finalidad.

 

Ahora bien, hay hechos menos fatalistas que merecen la consideración. Entonces pretendí hacer un breve repaso por la gestión Kirchner en relación al poder y llegué a una conclusión (que seguramente ya todos se habrán dado cuenta por lo que lamento la ausencia de la novedad):

El objetivo claro y concreto del actual ex-presidente (aunque podríamos prescindir del “ex”) es, y siempre fue, perpetuarse en el poder.

A grandes rasgos diría que hay cinco formas elementales para lograr ese objetivo:

1) El mérito (genuino)

2) La fuerza (militar)

3) La plata

4) La demagogia (como emisor y receptor)

5) La trampa

 

“Kirchnerismo” es aplicable como sinónimo para cualquiera de las tres últimas opciones.

El hombre que da origen al concepto ha construido un poder hegemónico e imperialista.

Alumno ejemplar para poner en práctica la receta madre de aquella política que se desprende de las cuestiones éticas: “El fin justifica los medios”

Preguntemos.

Con respecto a los Derechos Humanos ¿Cómo se manifestaba Kirchner acerca de este tema previo a su presidencia? ¿Qué hacía por los años de la dictadura?

¿Qué hizo al respecto en su gestión como Gobernador de Santa Cruz? ¿Qué decía mientras los partidos de izquierda (MST, PTS, entre otros) con el posterior apoyo del ARI, peleaban por la nulidad de la ley de Obediencia debida y Punto Final?

¿No será que “levantar” la bandera de los derechos humanos fue, en realidad, una buena forma de sacarse a los pocos pero “duros” de encima?

Un rival menos.

Con respecto al modelo económico. ¿Por qué su persistencia por demonizar las “políticas neoliberales de los 90”, cuando por aquel entonces manifestaba su admiración al exponente de la década, afirmando efusivamente que sólo era comparable con Perón?

¿Qué pensaba Kirchner sobre la privatización de YPF?

¿No será que sabía que Menem tenía un 75% de imagen negativa y por eso cruzó de vereda?

En cuanto a los medios de comunicación, ¿Por qué jamás dio una conferencia de prensa? Hablar es exponerse Y exponerse nunca es bueno para conservar el poder.

¿Por qué la abismal diferencia de la publicidad oficial? Pocas maniobras políticas son tan semejantes al bloqueo económico que le realiza EEUU a Cuba como la presión que Kirchner ejerce en los medios. Utilizar a la publicidad oficial como premio o castigo es una sutil (aunque imperativa) forma de domesticar la democracia a su parecer (a considerar: la democracia no se garantiza con el sólo hecho de votar).


Y así sucesivamente en todos los terrenos: Plata para punteros, para líderes sindicales, para gobernadores e intendentes que se portan bien, puestos para líderes piqueteros…

 

Kirchner es un pulpo musculoso; sus alianzas no pretenden ni mejorar la calidad de las instituciones ni reorganizar los partidos políticos, sino absorber su poder para magnificar su corona.

 

 

 

“Aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él.”

John Kennedy

 

 

Para los lectores: aquí concluye entonces la respuesta al artículo de Leuco. El chistoso de WordPress no me permite que la primera parte del artículo esté al principio y la segunda al final o mi leal ignorancia, una vez más, trabajó para que no sepa como hacerlo.

Entonces por si no quedó claro:

Hay dos “entradas”:

En la primera está el artículo de Leuco y le sigue la primera parte de la respuesta;

En la segunda está, precisamente, la segunda parte de la misma.

Para Leuco: Si le escribo es porque lo respeto.

Mis saludos cordiales.

Breve homenaje para Don Leuco:

y además…

Convicciones Sólidas (Segunda parte)

Aclaración: En negrita y entre comillas, palabras de Don Leuco; las otras son de Berugo Carámbula………………(broma)

“A Lavagna el viraje le va a costar capital simbólico. En esta democracia de masas mediáticas tiene que dar demasiadas explicaciones.

 

Me llama particularmente la atención esto de “en esta democracia de masas mediáticas tiene que dar demasiadas explicaciones”. Entre nosotros, estimado, que no lo lean sus colegas. Profundizo en la recomendación: no relea su propio artículo. Una de las ventajas del mundo contemporáneo y que indudablemente favorecen (aunque sea en forma paulatina) a una democracia algo más sólida es precisamente la diversidad de medios de comunicación (en cantidad, calidad, forma y contenido). Y está bien que de explicaciones. Porque así como utilizó el medio para denigrar al gobierno con recursos y analogías circenses (ver video), también es pertinente que explique que tipo de construcción o alianza puede hacer con los que en un pasado inmediato eran los imperativos, mentirosos e incapaces de esta novela.Si los votantes logramos ser espectadores urbanos (analizan y reflexionan acerca de la praxis de los que gobiernan) y también espectadores mediáticos (analizan y reflexionan acerca del discurso de quienes nos gobiernan) seremos un país menos vulnerable y progresista, en el sentido literal de la palabra.

De hecho fíjese estas dos relaciones

1) Los países más desarrollados son los mas mediatizados.

2) Relación medios/votos . A mayor diversidad de medios, mayor diversidad de votos. Ejemplos recientes: Capital Federal/Santiago del Estero o Rosario/Salta o Córdoba/Chaco…etc. Sin desmerecer ni subestimar a los segundos de las comparaciones, no puedo evitar sospechar que tienen una visión un tanto más acotada del cosmos político.

Imagino que en esencia usted no será tan masoquista como para criticar la multiplicidad de medios teniendo la profesión de periodista y además conociendo los dignos valores que en su trayectoria ha defendido. Quiero y creo suponer que se referirá a que la politica está instalada sólo en los medios. Pero sepa no es la única que tiene esa exclusividad; todo esta instalado en los medios. Lo que no está allí, no está.

 

Para concluir, he aquí la sección de Tips de minirespuestas.

“Hay mucho ciudadano ejemplar que no tolera en los demás lo que tolera de sí mismo.”

1) Comparto. Pero no es (ni fue) sano comparar civiles con gobernantes. Hay que tener en cuenta el grado de responsablidad que tienen unos y otros.

2) Muchos son así; otros no.

“El peronismo es un partido que siempre tiene las puertas abiertas para los que quieren volver. Puede ser una hermandad, una logia y –a veces– una mafia.”

El peronismo es un partido que siempre tiene las puertas abiertas para los que quieren volver. Puede ser una mafia, una logia y –a veces– una hermandad.

 

“Hay mucho dirigente que le cuesta gobernar, al revés de Lavagna al que le cuesta ser opositor. Es que desprecia el objetivo fácil de la confrontación de adjetivos por los medios. De hecho, colaboró con todos los gobiernos democráticos de Perón para acá, salvo con Menem (…) Todo lo contrario del radicalismo y la izquierda, que hacen de la división permanente casi un dogma de fe.”

1) Sí; en principio hay tres categorías: la primera:“el dogma”; la segunda: la “coalición” o “concertación” o “alianza” y la tercera: la “cualquier cosa”. No hay dudas que este es el caso de esta última categoría: Lavagna fue ministro de Kirchner, se separa; se presenta con los radicales como candidato a presidente, pierde y vuelve con Kirchner a reorganizar el PJ; mientras se especula con que Cobos, que es vicepresidente de un gobierno peronista, sea el máximo exponente de la UCR. Vaya argumentos! Pensar que en el curso de guión nos pedían que pensemos en conflictos.

2) Si aliarse es tener la valentía de no ser oposición; ¿para que votamos? ¿Para qué elegimos entre unos u otros?

 

“Las rigideces y los dogmatismos, mejor dejarlos para los valores y los principios éticos.”

¿Acaso los valores y los principios éticos son ajenos a la política?

 

 

*

 

 

Eje del tema: Opositor… Aliado … PJ …UCR … all inclusive :

He aquí el artículo de Don leuco:

Convicciones Líquidas

Rosendo Fraga sostiene que la ambigüedad no siempre es negativa en la política. Que es la tolerancia que expulsa los conflictos que van a callejones sin salida. Que es la flexibilidad humana y necesaria para alejar peligrosas y malditas antinomias como la de amigos-enemigos que tanto mal nos han hecho. Las rigideces y los dogmatismos, mejor dejarlos para los valores y los principios éticos. Se apoya en una cita del Roca del siglo XIX : “En política no hay que decir palabras irreparables porque nadie es tan amigo como para no convertirse en enemigo y porque nadie es tan enemigo como para no convertirse en amigo”. Dice Rosendo que el partido que mejor comprendió esto es el peronismo y por eso es casi un sinónimo de poder en nuestro país.
El periodista Jorge Fernández Díaz utilizó una metáfora brillante para ir hasta el mismo hueso: “El peronismo es ese traje a medida que los argentinos se construyeron a sí mismos para cambiar de parecer, practicar el oportunismo internacional, ejercer la autoridad y gobernar lo ingobernable: este país”.
Mucho más empírico, Eduardo Duhalde bendijo la vuelta de Kirchner y Lavagna al peronismo: “Para nosotros es una buena noticia”.
¿Es una buena noticia para las instituciones republicanas? Hay múltiples respuestas seguramente. Pero vale la pena detenerse en dos:
1- La hipócrita indignada. Es la que se expresa en muchos contestadores de las radios y que pone el grito en el cielo diciendo: “Lavagna me traicionó, me siento defraudado”. Dan ganas de preguntar qué hizo esa persona por Lavagna además del módico compromiso de votarlo. ¿Estaba dispuesto a dar la vida por Lavagna? ¿Aportó algun pesito para su campaña? ¿Pegó algún cartel, acaso? El grado de desilusión tiene que ser directamente proporcional al nivel de compromiso. Si no, es como exigirle a los dirigentes políticos un grado de firmeza en las convicciones que la sociedad no tiene. No hay demasiados antecedentes de políticos diabólicos que surgan de comunidades angelicales. Por lo general, los dirigentes en todos los planos son bastante parecidos a sus dirigidos. ¿O no somos capaces de confesar que nos equivocamos a menudo, que cambiamos radicalmente de opinión, que tenemos agachadas cotidianas y otras yerbas? ¿No estaremos escondiendo cierta justificación que nos permita pagar nuestras culpas por lavarnos las manos y alimentar ese reaccionario discurso antipolítico? Lavagna es un traidor. ¿Yo? Yo soy un héroe.
2- La reflexiva estratégica. Es la que, analizando el escenario, se preocupa por esa manía de muchos opositores que no construyen alternativas y sólo escupen críticas. La que olfatea el peligro del partido único y el hegemonismo kirchnerista. La que teme que la oposición rabiosa, como dijo Lavagna, se convierta en gorilismo rabioso, como dijo Alfonsín. Muerto el perro se acabó la rabia, decían los biempensantes como expresión de deseo después de que Perón se llevara en sus oídos la más maravillosa música. Somos la rabia, pintaban algunos de la jotapé medio derechosa que en algún momento intentó volver y ser millones. Es verdad que el borde del precipicio todavía está lejos, pero conviene advertir que una fractura social a la venezolana nos acerca mucho a ese abismo.
A Lavagna el viraje le va a costar capital simbólico. En esta democracia de masas mediáticas tiene que dar demasiadas explicaciones. Hay mucho ciudadano ejemplar que no tolera en los demás lo que tolera de sí mismo. Hay mucho dirigente que le cuesta gobernar, al revés de Lavagna al que le cuesta ser opositor. Es que desprecia el objetivo fácil de la confrontación de adjetivos por los medios. De hecho, colaboró con todos los gobiernos democráticos de Perón para acá, salvo con Menem. Es todo un dato. En cambio para Kirchner fue todo ganancia. Se mostró audaz, táctico y gran lector de los resultados electorales. Refunda un peronismo a su imagen y semejanza porque la mayoría de los votos de Cristina vienen de donde más NBI –Necesidades Básicas Insatisfechas– hay, y porque recupera al peronista que despierta más simpatías en donde menos NBI hay. El peronismo es un partido que siempre tiene las puertas abiertas para los que quieren volver. Puede ser una hermandad, una logia y –a veces– una mafia. Todo lo contrario del radicalismo y la izquierda, que hacen de la división permanente casi un dogma de fe. Lo que no está claro es si, como dijo Abel Posse, la mano tendida de Kirchner premió la disidencia de Lavagna. ¿Ya no prefiere la obediencia debida de los verticalistas que a todo le dicen que sí? ¿Habrá convivencia en la diferencia? ¿Hay que plantarse frente a Kirchner y armar algo afuera para volver por la puerta grande? La historia de Santa Cruz demuestra que Kirchner primero somete electoralmente a sus adversarios y después de un tiempo les tira una soga. En la mayoría de los casos, con esa misma soga, los asfixia. ¿Habrá cambiado? Por las dudas, hay que tener cuidado con las convicciones líquidas, como diría el sociólogo Zygmunt Bauman. Kirchner ya tiene a Lavagna en el banco de los suplentes como candidato contra Macri o, por si las moscas, alguna crisis no prevista. No hay en el horizonte ministro de Economía más exitoso que Roberto (a partir de ahora) o que el Pálido (hasta hace una semana). El pejotismo fue una ocurrencia fugaz de Kirchner, y las corporaciones partidarias, una definición ajena a las necesidades actuales. Tiene razón Artemio López: no existe el peronismo desgrasado o Dolce & Gabbana. Estamos asistiendo a los remezones del peronazo y está clarísimo: todos unidos triunfaremos y como siempre daremos…

Convicciones Sólidas (Primera Parte)

Aclaración: Lo siguiente está escrito como si fuera una carta para Leuco. Esto no implica que en la práctica lo termine siendo. Pero el motivo por el cual lo escribí del tal forma es pura y exclusivamente porque me dieron ganas.

 

Estimado Alfredo: Empapado de modestia, permítame brindar mi apreciación acerca de algunas de sus palabras.

La última de mis pretensiones es descontextualizar sus reflexiones, por lo que he optado por reproducir uno de sus párrafos en forma íntegra:

 

 

 

“¿Es una buena noticia para las instituciones republicanas? Hay múltiples respuestas seguramente. Pero vale la pena detenerse en dos:
1- La hipócrita indignada. Es la que se expresa en muchos contestadores de las radios y que pone el grito en el cielo diciendo: “Lavagna me traicionó, me siento defraudado”. Dan ganas de preguntar qué hizo esa persona por Lavagna además del módico compromiso de votarlo. ¿Estaba dispuesto a dar la vida por Lavagna? ¿Aportó algun pesito para su campaña? ¿Pegó algún cartel, acaso? El grado de desilusión tiene que ser directamente proporcional al nivel de compromiso. Si no, es como exigirle a los dirigentes políticos un grado de firmeza en las convicciones que la sociedad no tiene. No hay demasiados antecedentes de políticos diabólicos que surgan de comunidades angelicales. Por lo general, los dirigentes en todos los planos son bastante parecidos a sus dirigidos. ¿O no somos capaces de confesar que nos equivocamos a menudo, que cambiamos radicalmente de opinión, que tenemos agachadas cotidianas y otras yerbas? ¿No estaremos escondiendo cierta justificación que nos permita pagar nuestras culpas por lavarnos las manos y alimentar ese reaccionario discurso antipolítico? Lavagna es un traidor. ¿Yo? Yo soy un héroe.”

Creo que adjetivar de “hipócrita” a la indignación popular roza lo violento, pero principalmente es el claro ejercicio de subestimar una señal. El disgusto de la gente que se expresó, no sólo es genuino sino absolutamente valioso en una democracia tan susceptible, fallida y adolescente como la nuestra. El hecho de que en las radios o en los bares haya florecido la indignación es un síntoma de una sociedad que intenta despojarse de la indiferencia. No se trata de una tormenta de optimismo, pero en esta época donde se hace culto al plástico y a la banalidad, es un aroma que no deberíamos despreciar. La indignación puede ser un motor del pensamiento; sino fíjese como la indignación que a usted le generó la indignación ajena, fue la matriz de su editorial. Y la indignación que a mi me generó su editorial, resultó ser el alma de esta respuesta.

Ahora bien, hasta aquí estamos en un terreno relativo, donde en definitiva, la calificación de hipócrita o genuina es tan válida como (felizmente) subjetiva.

Donde sí considero que nuestras diferencias no son interpretativas sino más bien conceptuales es en el rol que usted le asigna al ciudadano común. Sin ánimo de ofender, creo que tiene una visión un tanto anacrónica acerca de la realidad. Probablemente aún guarde en su retina una romántica y nostálgica visión del mundo, nutrida de las raíces de otras décadas donde la palabra “compromiso” era tan sagrada como “la madre” o como se diría en cualquier vereda, “la vieja”. Lo comprendo porque es factible que haya sido fascinante; en mi caso lo viví en mi imaginación por lo que hasta he llegado a idealizarla mucho más que los verdaderos protagonistas de la época.

Pero…

Año: 2008.

Conviene distinguir entre ciudadano y militante.

Comparto que un militante tenga un compromiso y una actividad en su partido u organización y que dicha acción sea el paisaje de su cotidiano. De hecho estas actividades son la que lo distinguen de un ciudadano no militante (que no quiere decir apolítico).

El hecho de que un votante no pegue carteles de su candidato predilecto no le quita el derecho a una potencial indignación. Un ciudadano, que en un marco democrático ejerce su derecho al voto, y que si luego de hacerlo se siente estafado, (y en este caso hay motivos por doquier) ¿Acaso no puede manifestarlo por no haber puesto plata en la campaña?

Es algo así como proclamar la indignación elitista.

Indignarse es distinguir. Indignarse es aprender.

Sepa estimado que pocas veces voy a la cancha y ni siquiera soy socio, pero no sabe usted la tristeza que me da ver perder a River.