El bar, palabras.

De los pocos bares que quedan, que hacen que Buenos Aires se siga pareciendo a Buenos Aires, brotan sentencias. Se combinan con cenizas, risas, voces roncas, historias en blanco y negro, amores que no fueron, amores que lamentablemente son, fulbo (fue orsai!) y la política.

En los bares no hay ideas, hay verdades; “escuchame, te lo digo yo.”

¡Ojo con las banderas! que se arma la percusión con las mesas y a todos les sale el tenor que llevan dentro.

Las verdades de los bares son simpáticas, son espíritu; son los adoquines que resisten al pavimento. Aunque muchas veces son un atajo para dar fallos aparentemente disparatados.

Del comentario que escuché en el bar, lo último que importa es la veracidad de su existencia. (Aunque si digo esto es porque seguramente no existió) (Aunque si aclaro esto es porque quien sabe)

El bar, el bar

Pedro es el fumador del grupo. La ley es ley, pero no para los amigos. Le dejan ser él en el bar (de siempre). Pedro sin pucho es inverosímil.

Los días de humo en la ciudad fueron la más sanguinaria de las condenas para Pedro. Los amigos (de siempre) lo acusaron incesantemente de la neblina urbana.

“Pedrito, pará de fumar, mirá el quilombo que estás armando”

Pasó un día, dos y tres. Pedro habló:

Pedro: Muchachos, ¿no les parece raro esto?

Paco: Se despertó Pedro, che

Jorge: ¿Qué cosa Pedrito?

Pedro: Esto del humo, viejo. A mi me parece raro, que querés que te diga. A una semana del quilombo con el campo. Luis, oime que vos sos el único con el que se puede hablar. ¿Vos alguna vez viste este humo en Buenos Aires? Si la quema de los pastos la hacen siempre y nunca pasó esto. Pensá en lo que viene pasando Luis, ¿me seguís?

Luis: Sí, ¿Pero a donde querés llegar Pedrito?

Jorge: ¡No me vengas con excusas y hacete cargo del humo de una vez!

(Risas)

Pedro: Pasó este tema del campo con el gobierno y por primera vez, la ciudad saltó con el campo. A la semana se prende fuego esto acá cerca. Salen a decir que son unos campesinos y nosotros nos llenamos de humo. A mí, lo que me llama la atención Luisito, es que justo en el choque más groso de un gobierno con el campo de las últimas décadas, pase esto una semana después, algo que además, nunca había pasado antes. Y justo además, cuando la ciudad por primera vez se había puesto con el campo. No se, es raro.

Paco: ¿Qué decís? ¿Que lo encendió el gobierno? No digas boludeces. Se quemó el pasto y se les fue de las manos, nada más. Además todos sabemos que fuiste vos con los puchos.

Pedro: En serio boludo. Pensá en la secuencia de los hechos. Que se yo, puede ser mucha casualidad.

Paco: Me parece demasiado.

Luis: Mirá, si ya macanearon una vez y armaron toda esa ensalada del secuestro del tipo…

Pedro: Gerez

Luis: Gerez, sí. Oime eso fue puro chamullo. La verdad que prender un pastito de más cuesta mucho menos que armar un falso secuestro.

Paco: Sos gorila eh!

Luis: ¿Pero que tiene que ver?

Pedro: Si…-dice contemplativo- Lo prendieron ellos para que haya bronca entre el campo y la ciudad. Justo una semana después del quilombo más grande con el campo en tanto tiempo. Dejate de joder.

Paco: Para para. ¡Gol! ¡Vamos Racing carajo!

Pedro: Que golazo.

El bar, después del bar

Y el bar siguió contando y haciendo nuevas historias. Pedro se fue a su casa con una nueva certeza impregnada.

Al día siguiente, el humo desapareció; y el tema pasará a ser una anécdota.

“¿Te acordás aquella vez como nos ahogó Pedrito con sus puchos?”