(Tal como explícitamente se menciona en el título, el presente texto es la continuación del anterior; es el segundo fragmento de una unidad. Para quien no haya leído la primera parte, ni pretenda hacerlo, es vital saber que la tipografía roja, corresponde al artículo de José Pablo Feinmann y la negra corresponde a mi apreciación acerca de sus párrafos.)

Me apena, Beatriz, y me da bronca también que tu gorilismo haga de mí forzosamente un peronista. Porque ya no quiero serlo. Me gustaría ir más allá. Avanzar, pero sobre esa base, eh. No negándola neuróticamente. En la Argentina, un partido de centroizquierda (que es lo más que podríamos lograr, y no la reforma agraria como piden los eternos despistados) no debiera desconocer algunas cosas que el peronismo hizo, y debiera abominar de otras: del Perón que puso a Villar (asesino educado por los paras franceses, formado para la tortura en la Escuela de las Américas, el que rompió con una tanqueta las puertas del PJ en donde eran velados los muertos de la masacre de Trelew) en la Jefatura de Policía, del Perón que pidió que ficharan a la periodista Ana Guzzeti porque le había hecho una pregunta incómoda ¡en una conferencia de prensa! (¿Ves? Será por eso que K no las hacía. A ver si le surgía el Perón que todos llevan dentro y pedía que lo ficharan a Morales Solá.) Pero eso es lo que me molesta de los gorilas: son tan cerradamente antiperonistas, tan intolerables en su odio de clase o en la negación de su pasado, que la creatividad se les torna imposible.

A mi lo que me apena es que la disidencia ideológica le reprima sus deseos ocultos. Es más que noble su pretensión evolutiva, y como apoyo esa causa, le sugiero que no se subestime, ya que usted tiene los recursos espirituales e intelectuales para ir más allá.

Usted hace referencia al odio del antiperonismo pero fíjese la paradoja, es su odio al anti antiperonismo lo que lo lleva al estancamiento. Muchas de las páginas del Peronismo tienen un valor excepcional, pero por otro lado tiene otras que son para el olvido (o mejor dicho, para la memoria). En su valorable búsqueda por mejorar al Peronismo le sugiero que no se aferre a sus virtudes, sino a sus defectos, puesto que son éstos los que hay que reformular.

Al leer la última oración de su párrafo, me dio la sensación que usted padece aquello que critica del antiperonismo. Usted ha evidenciado ser cerradamente peronista, asumiendo incluso, que por el momento se le imposibilita trascender a ese “pensamiento”. Ha demostrado ser intolerable en su odio de clase a lo largo de su texto. Y sin duda, la creatividad se le ha tornado imposible.

Ahora bien, demandar tolerancia o amplitud a quienes no son afines al peronismo cuando históricamente la intolerancia (que bien se evidencia en el ejemplo que usted cita) y la exclamación del “único camino”, han sido una constante en el Peronismo, habla de un pedido constructivo pero que roza lo tragicómico.

Breve acotación sobre el ejemplo que usted menciona sobre la periodista Ana Guzzeti: Las preguntas sólo son incómodas cuando las respuestas son incómodas.

Segunda acotación y también breve: me sorprende de usted, protagonista de la década de las utopías, que ahora trate de “eternos despistados” a los que todavía las tienen. Porque más allá de algunas diferencias que pueda tener, reconozco que los utópicos de hoy tienen un doble mérito. El primero es la constancia, y el segundo, es el hecho de que tener utopías cuando el contexto se ha encargado de abolirlas, puede percibirse como una ingenuidad pero, al mismo tiempo, tiene incluso más valor, por el hecho de seguir corriendo con viento en contra.

(Sarlo ha dicho que reniega de todo lo que escribió antes de 1980, creo que ésa era la fecha, cito de memoria, ¿cómo es posible eso, cómo es posible cercenarse así? ¿Por qué, porque acompañó al peronismo en ciertos trechos, porque estuvo en el PCR apoyando a Isabel pero con la comprensible actitud de bloquear el golpe?) El gorila te obliga a defender al peronismo. Porque te das cuenta en seguida de lo que siempre está detrás del gorila: nosotros, te dicen, no somos ellos; no somos los negros, las clases inferiores, la barbarie que describió Sarmiento. Somos cultos, somos blancos, somos educados y si no lo entienden los vamos a matar a todos de nuevo. Porque también –desde Ambrosio Sandes, Paunero e Irrazábal hasta Videla– somos los que mejor y más hemos liquidado gente en la Argentina. El primer peronismo, señores, con todo lo autoritario y enemigo de la democracia que fue, tuvo un solo, lamentable muerto: Ingalinella. Después vino la Triple A: que mató peronistas, a Troxler, a Atilio López y a valiosos hombres de la izquierda como Silvio Frondizi. Pero sobre todo: peronistas, cuadros de la JP, clandestinos y de superficie. Pero la patria agraria y financiera que respaldó a Videla y Martínez de Hoz arrasó con una generación completa. Estoy harto de discutir con gorilas, Beatriz: no quiero defender al peronismo. Quiero pensarlo. El gorila, con su odio, te impide pensar.

Honestamente lo noto algo paranoico pero con absoluta modestia creo poder tranquilizarlo. Creo que está sobrestimando y magnificando el verdadero poder actual de los que son partidarios de la dictadura militar. Mire, de las últimas elecciones presidenciales, en las que la presidenta ganó notoriamente, hay un 45% de personas que afortunadamente no son afines a la mencionada tiranía. Pero tampoco creo que en el 55% del resto de los electores haya demasiados. Tengo firmes convicciones y argumentos que me permiten asegurar que ni los votantes de Carrió, de Lavagna, de Rodríguez Sáa, de Pino Solanas, de López Murphy y de Vilma Ripoll podrían siquiera insinuar, alguna vez, que avalarían el retorno de la barbarie. Basándome en un prejuicio que incluso me incomoda, me animaría a sospechar que algunos de los ínfimos votantes de Sobisch podrían llegar a reivindicar algunos de sus “valores”.

Despójese del ego. No piense que el que no es peronista sí es tirano.

Usted piensa que todo alemán que no es oficialista es Nazi?

Usted piensa que todo aquél que no votó a Zapatero es Franquista?

En cuanto a Cristina F., Sarlo dice, con frialdad, que “se dice” que “habla bien”. Reconoce que habla “de corrido”, que no vacila y que no se confunde “con los tiempos de los verbos”. Eso solo, Beatriz, haría de Cristina F. uno de los presidentes o de los políticos más insólitos de nuestra historia. Pero discrepo con Sarlo: Cristina F. no habla bien por no confundir los tiempos de los verbos, habla bien porque dice verdades que pocos se atreven a decir. Porque tiene razón es que habla bien. Porque hoy, ante este semigolpe institucional, ante este odio de clase, ante esta bronca que le tienen a este gobierno (sobre todo, como bien dice ella, por su política de derechos humanos), que los proto-golpistas califican de “revanchista”, “montonero” y “terrorista”, elementos de los que dicen se compone, la Presidenta no se amedrenta y les dice a los agro-piqueteros que son los “piquetes de la abundancia”. Y algo impecable, de una enorme justeza para definir la “tragedia” de los grandes productores (los pequeños es otro asunto que habrá que diferenciar): que el problema que tienen, dice Cristina F., la causa por la que luchan, reside en que si tienen tres 4×4 jamás aceptarán el despojo de tener sólo dos. Por eso habla bien Cristina F. Porque habla instrumentando el sentido que los griegos y toda la tradición de la filosofía de Occidente hasta Heidegger da a la palabra logos. Logos es pensamiento, concepto, discurso, razón. Y, muy especialmente para el tema que tratamos, logos es inteligencia. ¡Esto es un escándalo! El agro-golpismo, los ilustrados de la derecha y hasta los malhablados de las radios enfrentan hoy a una peronista que no sólo es inteligente, sino, además, mujer. Este “escándalo” los tiene locos. No lo pueden tolerar. Cristina F. tendrá que usar largamente su logos para que lo toleren, para que lo entiendan. De ahí, no de ellos, surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

Disiento profundamente en todo este extracto. Explicar los motivos sería redundante considerando la existencia de mis anteriores párrafos.

Lo que sí convendría aclarar es que probablemente Cristina se haya animado a decir cosas que otros no; pero seguro son muchas más las que no se animó y por eso nunca se ha enfrentado a una pregunta genuina. Es factible, como usted bien menciona, que en ese ámbito tendría los vicios de Perón. Si pudiera superar esa instancia, entonces sin duda surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

José Pablo, lo disfrutaba mucho más como grieta que como sistema, pero en fin, cada uno elige su camino.

Saludos cordiales.

Artículos de los que se hace referencia:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html

http://www.lanacion.com.ar/998895