Abril 1, 2008
Sobre grietas y discursos. (Primera parte)
Posted by panceto under Cultura, Política, ideología | Etiquetas: discursos, Feinmann, grietas, ideología, Sarlo |En los 90 me sentí atormentado por lo plástico de los tonos y por la propagación de varios slogans que, finalmente, en la práctica, funcionaron como un masoquismo colectivo: “hacé la tuya”, “¿La política? Dejate de joder.”, exclamaban los oyentes de las radios después de la canción 26 del Top 40.
Los referentes políticos tuvieron el romance soñado con la apatía de nuestra sociedad. Tras las orgías de aquella época y las lunas de miel anuales, una noche de diciembre, se quebró un modelo político, económico, social y cultural que nos había dejado desalmados. Porque los 90 significaron una adicción casi narcótica; un placer inmediato a cambio de la condena posterior. Un país egoísta consigo mismo.
La postal de la tristeza y el olor a culpa impregnado. Claro, nuestras cicatrices son nuestra responsabilidad.
Pero aquel sistema de estupidización sistemática de la mencionada y emblemática década, tenía algunas grietas que permitían, al menos por un rato, aferrarnos a la esperanza. Esas grietas estaban personificadas -desde mi perspectiva, claro está- por tipos como José Pablo Feinmann, entre otros (pocos).
Presente
(al final encontrará los links de los artículos en los que se basa el presente texto)
Feinmann le responde al artículo de Beatriz Sarlo publicado el 27 de Marzo en el diario “La Nación” con una de las fórmulas más básicas e infantiles habidas y por haber: el recurso de la polarización. “Wikipedia” define a la “polarización” como “el proceso por el cual en un conjunto originariamente indiferenciado se establecen características o rasgos distintivos que determinan la aparición en él de dos o más zonas mutuamente excluyentes, llamadas polos.” Este concepto, traducido al “pensamiento Feinmann”, sería algo así como “Antes éramos amigos pero ahora yo sigo siendo Peronista, soy el bueno. Vos ahora que criticás al actual peronismo, sos de derecha, sos la mala. Yo soy peronista, soy del pobre, vos de derecha, sos de la oligarquía.” Esa afirmación, que está implícita en su texto, la justifica a partir de una concepción prototípica y trillada del universo, que además de ser aburrida, es de una profunda precariedad intelectual (para ser sutil). Feinmann denota en su pluma prejuicios insanos, conceptos rígidos que nada tiene que ver con convicciones consistentes.
Devela, además, una suerte de nobleza autorreferencial que se diluye en el traspaso del discurso a la práctica. Feinmann ha perdido su capacidad analítica y funciona como una maquinaria de repeticiones con argumentos en general válidos pero impertinentes. Responde con las mismas palabras a diferentes preguntas. Tiene una visión de la historia seguramente cierta pero sectaria. Un elitismo de la memoria. Y cuando uno no aprende del pasado sino que vive en el pasado se desorienta en el presente.
Ésta impronta, en algunos casos, atenta contra sí mismo y contra quien defiende.
Pero este no es un ejercicio de la crítica por la crítica misma y como no pretendo rebajarme a la adjetivización infundamentada, he aquí el desglose de lo anteriormente mencionado en función a lo enunciado en su propio artículo.
La tipografía roja pertenece al texto de Feinmann
La negra es mi “respuesta”
Ella, que insistía desde Punto de Vista en definirse constantemente como “una intelectual de izquierda”, ya no es sólo un cuadro intelectual de la derecha, ya es un cuadro de la oligarquía, una militante agraria. O lo fue la noche en que se entremezcló con las señoras de las exquisitas cacerolas, las cacerolas VIP, para aconsejarlas.
¿Cuáles son sus argumentos para tal valoración? ¿Por haber participado de una manifestación popular en contra de una medida particular de un gobierno que centraliza la riqueza, que condena a la dependencia a las provincias y que no distingue entre tener 20, 200 o 10.000 hectáreas, mientras se jacta de ser el símbolo de la distribución de la riqueza? Pero en fin, desconozco los motivos por los que Sarlo estuvo allí, pero si el planteo de Feinmann acerca de los grupos de pertenencia o de la afinidad ideológica se basa en la presencia (o no) en una marcha por un motivo donde la noción de justicia o injusticia es ambigua o discutible, entonces tiene tanta solidez como el viento.
Si usted considera, honestamente, que la mayoría de las personas que marcharon improvisadamente a Plaza de Mayo estaban allí para defender a la oligarquía o reivindicar los principios del Terrorismo de Estado, le sugiero que abandone por un tiempo la lectura del diario en el que escribe. El narcisismo no es recomendable para tener una perspectiva lúcida de la realidad.
Precisamente por lo espontánea y genuina, nadie puede garantizar la nobleza generalizada de los que participaron de tal manifestación. Si allí estuvo Cecilia Pando, como más tarde me enteré, pues lamento por ella sus obscenas y patéticas intenciones, pero seguro no logrará lo que haya ido a buscar. Sin duda su presencia fue funcional al gobierno que, una vez más, intenta manipular a la opinión pública decretando en sus discursos que los que estaban allí eran millonarios o golpistas.
Mire estimado Feinmann, los trabajadores del casino no creo que sean Videlistas, la gente que estaba allí con su bandera de Chascomús (pocas veces había visto una metáfora tan bella de la simpleza) no parecía estar desbordada de cuentas bancarias.
No caiga en el prejuicio como metodología de pensamiento que tan bien representada está por su primo.
La cosa es que en un artículo del 27 de marzo, como columnista de La Nación, escribió que los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo. Es una pena que una mujer de la inteligencia de Sarlo se encrespe tanto, se enfurezca con el peronismo y se convierta en una antiperonista, camino del que no se retorna, porque el antiperonismo es el atajo más efectivo para terminar en la derecha, rodeado por lo más reaccionario del país.
Sarlo escribió eso porque estuvo allí y usted debe bien saber que la óptica de los hechos difiere notablemente cuando se percibe desde sus entrañas a cuando se a(des)precia desde la TV.
¿Sabe por qué Sarlo escribió que “los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo”? Por una simple razón: porque los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo. Es una pena que un hombre de la inteligencia de Feinmann se encrespe tanto, se enfurezca con una mujer que cuenta y repudia lo acontecido y se convierta en un ciego por voluntad propia, camino del que no se retorna, porque la ceguera es el atajo más efectivo para terminar en la complicidad, rodeado por lo más reaccionario del país.
Pero gorila, y desde los medios del antiperonismo tradicional, desde los medios del poder agrícola, desde los medios de las grandes corporaciones, no, nunca.
Disculpe usted mi desconocimiento pero ¿Quiénes son los pulcros dueños del medio en el que usted escribe? ¿Con qué se sostiene Página 12? Claro, ahí yira una modesta porción de los billetes de las retenciones.
No tengo dudas que “La Nación” no tiene ni el más feliz, ni el más digno de los antecedentes, pero celebro que hoy algunos de los que escriban sean periodistas y no publicistas.
Sé que me dicen “kirchnerista” y Kirchner sabe que no lo soy, y eso a veces le da una bronca considerable y a veces, creo, me tiene estima.
Lamento la desilusión, honestamente me incomoda darle esta noticia, pero si usted no es Kirchnerista y dado el comprobable nulo grado de tolerancia que el ex presidente tiene hacia los que no piensan como él, no tiene ninguna chance de que le tenga estima.
Pero vamos al texto de Sarlo: Se presenta como una veterana de las manifestaciones, cosa que es. Sarlo ha sido, desde las movilizaciones revolucionarias de los setenta hasta los cacerolazos VIP de hoy, una experta en movilizaciones. Al serlo, está capacitada para orientar a estos nuevos, iracundos, representantes del descontento social. Le dice, entonces, “a una señora que caminaba con su cacerola y con su hija de seis o siete años” que se vaya porque “van a empezar las piñas”. “La señora quedó estupefacta.” ¿Cómo, nos van a pegar a nosotros?
¿Qué es lo cuestionable de la iluminada sugerencia de Sarlo, el hecho de haber acertado en la premonición?
Sarlo sabe de lo que habla. Yo también respeté excesivamente (es decir, les tuve miedo) a las patotas de la Juventud Sindical y del CdeO en los setenta, que eran durísimas, que ejercían el peor matonaje. Los peronistas vienen de abajo. Si el peronismo nunca “se porta bien” es porque representa, desde Perón y Eva, a la negritud de este país, a los cabecitas, a los grasitas, a los que les armó sindicatos, y esta gente, vea, tiene malos modales: si, por ejemplo, ven a una señora, con una nena, golpeando una cacerola Marmicoc con un cucharón de bronce se van a enfurecer. Seguro que le afanan la cacerola Marmicoc y, ya se sabe, a la nena también. Pero Sarlo debió haberle dicho a la señora que había unos cuantos neonazis en la manifestación. Y que esos fuertes chicos de Belgrano y Recoleta acaso pondrían en su lugar a los negros de la provocación. A quienes Sarlo enfrentó y les dijo en la cara: “Esto es una provocación”. Ahora, ¿lo otro no es una provocación? Cortar las rutas, cuando las cortan los agraristas, no es una provocación. Pero no: no pienso ir por aquí.
Hace bien en agregar el paréntesis en el que hace referencia al miedo. Confundir al miedo con el respeto es un pecado que ni la historia ni el presente pueden ni deben soportar.
Hay valores del peronismo que no merecen otra cosa más que la admiración. Mi abuela ha llegado a insinuar que Perón dignificó su existencia.
Pero hay que saber visualizar los matices. Probablemente había neonazis en la manifestación. Pero insisto, apártese del dogma; su visión es, en algunos casos, demasiado religiosa. Si yo tuviera el criterio acusatorio que usted predica en su categórica certeza sobre la presencia de neonazis, entonces debiera considerar a Perón como un ser no menos que repugnante por haber tenido como referente político a Mussolini o haberle puesto una alfombra roja para el ingreso de los nazis tras su derrota bélica o incluso haber tenido algunos amigos que luego fueron símbolos de épocas penosas de nuestra historia. Sin dudas esos son hechos lamentables pero es una versión parcial que se basa en la omisión de otros elementos. Es, por lo tanto, una categorización tan injusta como la suya.
Yo tengo aberración, como decía al principio de este artículo, por la columna vertebral del menemismo. Pero no por eso me opuse a la decisión de que el servicio militar pase de ser obligatorio a voluntario.
Por otro lado, si tanto desprecio tiene por Belgrano o Recoleta, le sugiero que sea un poco más consecuente y deje de hacer obras de teatro (que por cierto “4 jinetes apocalípticos” goza de la sublimidad que carece en su columna) en Palermo Hollywood a precios que no son precisamente de los más modestos. No es un criterio que yo comparta, pero me baso en sus preconceptos.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html
Abril 1, 2008 at 2:46 pm
Es lamentable que hasta el intelecto sea comprado.
Es increible que ser antiperonista sea ser de derecha, yo estoy lejos (lejisimo!) de ser peronista, pero estoy exactamente de la otra vereda que la derecha.
Ellos creen realmente que son la izquierda del pais, cuando la verdadera izquierda repugna a Kircher por razones mas que obvias.
Abril 1, 2008 at 10:07 pm
Leí este texto de Feinmann hace unos días y me pareció terrible por varios motivos.
Principalmente porque hace unos tres años leí “La crítica de las armas” ( de su autoría) y me pareció tan brillante que de ahí en adelante intenté leer más de él.
En segundo lugar, porque lo creía inteligente, y me parece de una gran estrechez mental el generalizar, pero más aún el generalizar según barrios. Que vivir en un determinado cruce de calles te condene a una ideología o a una intención es absurdo.
Un beso.