Desde su lenguaje por excelencia (el cinematográfico, claro) Hitchcock reflexionó sobre los matices de la representación. Partió de un ejemplo simple:

Citado del libro “El cine según Hitchcock” de François Truffaut.

“La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar”. En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. La conclusión de ello es que se debe informar al público siempre que se puede, salvo cuando la sorpresa es un “twist”, es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota.”

Más allá de lo claro y certero del ejemplo en cuanto a la influencia que ejerce la “forma” en el discurso; es decir, colocando el “cómo se dice” en un rol tan significativo como el “qué se dice”; este ejemplo traspasa las fronteras de la ficción.

(Claro, siempre y cuando la “realidad” no sea una gran ficción)

Obviando esas intrusas letras rojas, he notado que ha estallado una bomba y nunca nadie la había mostrado. De allí el origen de mi (¿nuestra?) sorpresa en el caso, que ni siquiera permite tener una postura sólida ante semejante abrumador desconocimiento.

Estoy haciendo alusión al conflicto que han titulado como “Clarín vs Gobierno”.

Somos espectadores de una batalla mediática en el que llueven calificativos, pero las causan gozan del más profundo de los anonimatos.

Quiero decir, “Clarín miente”. Pregunto (sí, anuncio que pregunto):

¿Durante todos estos años decía la verdad y un día se despertó con unas ganas locas de mentir?

¿Cuál es la mentira?

¿Y entonces cual es la verdad?

Si alguien pega un cartel diciendo que “Clarín miente” está intentando convencer a los “ajenos” de tal acusación. Pero cuando no tiene un sustento empírico y mínimante comprobable, el mensaje se disuelve en el viento (o en todo caso contribuye a manchar aún más el cuerpo de la ciudad).

Al no haber ningún tipo de argumento convincente, el mencionado cartel tiene la misma legitimidad que uno que diga: “Clarín es el topo gigio”.

No es este un manifiesto de defensa a Clarín, sino sencillamente una sugerencia para quienes pretenden generar cierta afinidad o complicidad moral o intelectual, a partir de la invasión de afiches acusatorios. Debieran saber que hasta aquí el criterio utilizado es apropiado para un nene de segundo grado (y había escrito “tercero” y lo borré porque me pareció demasiado).

Antecedentes de conocimiento público

Más allá de de los carteles mencionados, para intentar “comprender” esta novela hay que remontarse a su única parte visible, su climax: las palabras del ex profesor, ex piquetero y actual “vocero presidencial”, Luis D’elía.

En el programa “A dos voces” manifestó una serie de indignaciones muy particulares:

“El grupo económico se benefició con Duhalde con la pesificación y con la ley de protección de bienes culturales.”

Tiene razón. Clarín y el gobierno tienen un benefactor en común.

“Clarín es una pistola en la cabeza de la democracia argentina porque quiere comprar Telecom”

¿Qué?

“Este grupo ha obtenido la fusión entre Cablevisión y Multicanal (…)Este país necesita una nueva ley con los monopolios comunicacionales…”

Para los que se apresuran en sus conclusiones: Vieron que D’elía sí se atreve a criticar al gobierno.

“El político que entra en desgracia con ustedes: pobre tipo, pobre tipo.”

Adivinen a quien me recuerda Clarín.

“El poder concentrado en Argentina es una desgracia para la democracia y la libertad”

Comparto con D’elia pero sospecho que él no lo hace consigo mismo al ser un acérrimo Kirchnerista .

¿Serán estos los motivos por los que “Clarín miente”?

El grupo Clarín como corporación es magno, excesivo, grotesco.

Como medio de comunicación, es prudente distinguir a sus dos máximos exponentes.

Clarín es el diario ideal para cualquier gobierno. Es tan popular como insulso (y probablemente una característica sea la causa/consecuencia de la otra). Es un gran folleto de ofertas de supermercados y celulares que entre tanto informa y muy esporádicamente comparte un pensamiento crítico o analítico.

TN tiene una particularidad, sus máximos exponentes trabajan en múltiples sectores de la Prensa gráfica: Morales Solá en “La Nación”; Tenembaum y Zloto en “Página 12”, Nelson Castro en “Perfil”. En ese sentido, no se lo puede acusar de tener un mensaje unidireccional.

Anexito:

Canal 13 es incluso un “cómplice” involuntario del gobierno. Showmatch desvía temas trascendentales y genera una suerte de sutil efecto anestésico (¿Han notado que desde el retorno de Marcelo, el conflicto con el campo importa menos?)

Definitivamente nos estamos perdiendo el eje de la cuestión. No nos permiten tener una postura. Eso no me preocuparía si no fuera porque gastan cientos de miles de pesos diarios intentando que la tengamos.

“Clarín miente” es decirle a la sociedad “Son tarados”, si ese es todo su argumento.

Lástima que Hitchcock no sea presidente.

Hoy decidí ser el Coco Basile.

¿Cuál es mi recurso “madre” para tal metamorfosis? la autoproclamación.

Soy el Coco Basile porque digo que lo soy.

Lo que estoy haciendo aquí es, ni más ni menos, que aplicar el criterio del gobierno para categorizarse. Cualquier discurso, por más noble que sea, no puede sino generar un efecto de saturación si queda anclado en las mismas palabras. Dependerá de su contenido si esto ocurre a corto o a largo plazo. Pero la situación puede agravarse cuando el relato resulta ser un rejunte de falacias.

Así como les comentaba que se me ocurrió ser Basile, al gobierno se le ocurrió que representa las ideas más sanas del peronismo o del progresismo. Pero en la práctica, evidencian que sus ideas están cada día más distantes de lo que enuncian ante la tribuna.

La última demostración, y probablemente la más notoria, sea la inversión de 15.000.000.000 de pesos para llevar adelante las obras del tren bala.

¿Es acaso esto negativo? No, claro que no. Oponerse a un servicio de transporte público que muestre mejoras cualitativas implicaría el mero ejercicio de la necedad.

Pero como ha demostrado la historia y el sentido común, las acciones sólo son pertinentes o no, si se las enmarca en su contexto.

Seguramente los habitantes de Níger merezcan tener minicomponentes para que puedan escuchar la música que más les guste. ¿Pero no es acaso de carácter urgente que accedan a alimentos para combatir su desnutrición? La respuesta es obvia.

Parece que las autoridades nacionales han desaprendido las nociones de obviedad y pretenden hacer un transporte absolutamente elitista en un país que en las estadísticas parece avanzar a la velocidad del tren que añoran, pero que su realidad demuestra lamentablemente lo contrario. Hay quienes viajan en los techos, otros colgados; hay quienes se enferman en los “baños”, hay quienes se enferman por la espera.

Mientras el sistema de transporte público del país se hunde en su permanente agonía, el tren bala será -como casualmente se mencionaba en el texto anterior- un delirio de grandeza que arrastra el más amargo de los símbolos: una vez más los más pudientes miraran por la ventana como se van gestando nuevos asentamientos próximos a las vías del tren. Un nuevo paisaje del cual aterrarse. Es nuestra tragedia, es nuestro tango. Y nos guste o no; es nuestra elección.

¿Progresismo? ¿No les recuerda acaso a la impronta de la década pasada?

Distribución del ingreso, Patria, Justicia; muchas palabras, muchos conceptos, muchos discursos.

Pero el tren sigue andando y los de siempre se quedan abajo.

Carta de amor, audio.

El cielo ya no incita tu presencia. Tus gritos metálicos, tu ciclotimia tan exacerbada y femenina, tu indiferencia a vos misma.

¿Qué placer encontrás en lastimarte?

¿Qué placer encontrás en lastimarme?

Y ante la primer lágrima te desnudas, me invitás a acariciar los recovecos de tu cuerpo. Me entrego a tu aroma onírico. Me cerrás los ojos y el resto es inevitable; siempre sabés que música poner, cuál es el color de la noche; esa textura, esas palabras, dichas de esa forma, una vez más.

Caminás en las alturas, o por tus delirios de grandeza o por tu postura desafiante a los abismos. De rocker a martir. Vivir con vos es vivir en vos.

Quiero reinverarte; quiero que te liberes de tus trampas, de tu ego.

Pero vuelvo a verte caer; me arrastrás, me dejás sin aire. Esta postal ya la ví, ¿te acordás? Y cuando pasa eso Argentina, no se si seguir o abandonarte.

PD: Con respecto al audio, disculpen ustedes por la precariedad y la falta de talento. A los cercanos, gracias por las necesarias mentiras que dirán.

Renunció un ministro que nunca lo fue.

Tenemos una presidente que no lo es.

El gobierno persiste en la contratación de enemigos. Disfruta de la confrontación (claro, desde la comodidad del poder)

El PJ se renovó. Ahora es el PJ.

El gobierno no asume la inflación pero al mismo tiempo acusa al campo de generarla.

Es llamativo el conglomerado de estupideces que repiten en forma permanente; de hecho hasta resulta meritorio: no es fácil recurrir siempre a los mismos errores; ellos lo logran.

Piano por favor

Pero nada de esto me importa hoy. Hoy todo aquello mencionado no mi indigna, me resulta indiferente. Pasó algo bello, acústico; y por allí transitaré.

Este modesto espacio no tiene pretensiones narcisistas. No está inspirado en la búsqueda de un desarrollo unipersonal. La participación no sólo es bienvenida sino necesaria, es el camino más digno y puro hacia una evolución colectiva.

Cuando se cumple este principio teórico permite experiencias como la que tuve ayer: conocer a una lectora. Un abanico de temas y dos personas motivadas gestaron un noble guión involuntario.

La pregunta acerca del “estudio” no goza de originalidad, por el contrario es de lo más trillada. Sin embargo, dio como respuesta esto (y reprimo los adjetivos):

“…Psicología, pero por un interés personal, porque me fascinan las teorías que se han inventado tratando de explicar los entramados de la psiquis humana. no porque pretenda analizar… por ahora no… mi pasión, mi motor, es la actuación, es mi pasión innegable y si algún día puedo vivir de eso, me consideraré exitosa…”

Ahora sí el adjetivo: sublime.

No por la psicología o por la actuación sino por su noción de “éxito”.

Es una chica que tiene 18 años dentro de un universo que le grita hasta en los sueños que el éxito es directamente proporcional a la magnitud de la cuenta bancaria.

Ella sabe y distingue que un tipo que tiene un Rolex no es más exitoso que otro, sino que es un hombre que tiene un reloj más caro. Ella desconfía de la publicidad que le dice “vivís en este mundo, necesitás Visa”. “¿Necesidad? Necesidades son otras”, seguramente responde cuando camina por la avenida Corrientes y un chico le pregunta si le puede comprar un sándwich.

Hace poco pensaba que el problema no es el dinero, sino la cultura.

El dinero es un elemento neutral y simbólico que dinamiza el intercambio bienes.

El conflicto radica en que se le han asignado atributos que trascienden su rol. El dinero, bajo la orbita de los mandamientos capitalistas más radicales, corrompe la psiquis y los valores de quienes lo tienen y de quienes no lo tienen. Tal como están planteadas las estructuras contemporáneas, resulta lógico afirmar que estamos inmersos en un sistema absolutamente extremista, por lo tanto irracional. ¿No debiera la razón tomar más protagonismo en la política y la economía?

El dinero es materia no materializada. La mera acumulación del dinero en exceso es semejante a la adquisición de decenas de autos o de lo que fuera.

Pero esta noche, estimados lectores, tengo dibujada una sonrisa que no se borra. Hay una chica de 18 años que si puede vivir de lo que le gusta, de su vocación, de su pasión, se considerará exitosa.

Muchas gracias Sofía.

El blog de Sofía: http://queveselcielo.wordpress.com/

El bar, palabras.

De los pocos bares que quedan, que hacen que Buenos Aires se siga pareciendo a Buenos Aires, brotan sentencias. Se combinan con cenizas, risas, voces roncas, historias en blanco y negro, amores que no fueron, amores que lamentablemente son, fulbo (fue orsai!) y la política.

En los bares no hay ideas, hay verdades; “escuchame, te lo digo yo.”

¡Ojo con las banderas! que se arma la percusión con las mesas y a todos les sale el tenor que llevan dentro.

Las verdades de los bares son simpáticas, son espíritu; son los adoquines que resisten al pavimento. Aunque muchas veces son un atajo para dar fallos aparentemente disparatados.

Del comentario que escuché en el bar, lo último que importa es la veracidad de su existencia. (Aunque si digo esto es porque seguramente no existió) (Aunque si aclaro esto es porque quien sabe)

El bar, el bar

Pedro es el fumador del grupo. La ley es ley, pero no para los amigos. Le dejan ser él en el bar (de siempre). Pedro sin pucho es inverosímil.

Los días de humo en la ciudad fueron la más sanguinaria de las condenas para Pedro. Los amigos (de siempre) lo acusaron incesantemente de la neblina urbana.

“Pedrito, pará de fumar, mirá el quilombo que estás armando”

Pasó un día, dos y tres. Pedro habló:

Pedro: Muchachos, ¿no les parece raro esto?

Paco: Se despertó Pedro, che

Jorge: ¿Qué cosa Pedrito?

Pedro: Esto del humo, viejo. A mi me parece raro, que querés que te diga. A una semana del quilombo con el campo. Luis, oime que vos sos el único con el que se puede hablar. ¿Vos alguna vez viste este humo en Buenos Aires? Si la quema de los pastos la hacen siempre y nunca pasó esto. Pensá en lo que viene pasando Luis, ¿me seguís?

Luis: Sí, ¿Pero a donde querés llegar Pedrito?

Jorge: ¡No me vengas con excusas y hacete cargo del humo de una vez!

(Risas)

Pedro: Pasó este tema del campo con el gobierno y por primera vez, la ciudad saltó con el campo. A la semana se prende fuego esto acá cerca. Salen a decir que son unos campesinos y nosotros nos llenamos de humo. A mí, lo que me llama la atención Luisito, es que justo en el choque más groso de un gobierno con el campo de las últimas décadas, pase esto una semana después, algo que además, nunca había pasado antes. Y justo además, cuando la ciudad por primera vez se había puesto con el campo. No se, es raro.

Paco: ¿Qué decís? ¿Que lo encendió el gobierno? No digas boludeces. Se quemó el pasto y se les fue de las manos, nada más. Además todos sabemos que fuiste vos con los puchos.

Pedro: En serio boludo. Pensá en la secuencia de los hechos. Que se yo, puede ser mucha casualidad.

Paco: Me parece demasiado.

Luis: Mirá, si ya macanearon una vez y armaron toda esa ensalada del secuestro del tipo…

Pedro: Gerez

Luis: Gerez, sí. Oime eso fue puro chamullo. La verdad que prender un pastito de más cuesta mucho menos que armar un falso secuestro.

Paco: Sos gorila eh!

Luis: ¿Pero que tiene que ver?

Pedro: Si…-dice contemplativo- Lo prendieron ellos para que haya bronca entre el campo y la ciudad. Justo una semana después del quilombo más grande con el campo en tanto tiempo. Dejate de joder.

Paco: Para para. ¡Gol! ¡Vamos Racing carajo!

Pedro: Que golazo.

El bar, después del bar

Y el bar siguió contando y haciendo nuevas historias. Pedro se fue a su casa con una nueva certeza impregnada.

Al día siguiente, el humo desapareció; y el tema pasará a ser una anécdota.

“¿Te acordás aquella vez como nos ahogó Pedrito con sus puchos?”

Se amplía el staff. Hoy escribe Fanto.

Saludos Cordiales.

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Hay miedo.

Detrás de cada sonrisa, de la elección del vestuario, de esa danza al andar.

Hay miedo a la soledad.

El BAFICI potencia personajes y se devora personalidades. La combinación de las palabras “Cine, Buenos Aires, Festival, Independiente” exacerba los deseos de pertenencia. Los personajes de las pantallas se ven opacados por los espectadores.

Hay mucha ficción en las butacas.

La publicidad se regocija con su éxito: Hoy es la diferenciación, man.

Todos actúan igual en la pretensión de ser distinto.

A la mina le gustó. Él no dijo una idea, pero ese saco, esos pantalones, la bufanda, los lentes, un principio de barba y a veces una boina, da por resultado (redoblante. Chan chan. Suspenso) un intelectual.

Soy creativo, tengo un pulóver verde y violeta. Cool.

“Odio los cools, nosotros somos anti-cool”, escuché.      Es muy cool.

Es así estimado, no sea nostálgico; usted ya no es lo que es, sino lo que muestra (tiene).

Hay miedo a la verdad.

Hay miedo al espejo.

Hay miedo a ir al kiosco y ser uno más.

Narciso

Emmanuel Horvilleur

Se pintan la cara de blanco, se ponen las siete alfileres en la cara y se hacen la cordillera de los andes en la cabeza para ir a Pago Fácil. ¿Lo harán?

El BAFICI es una fiesta de disfraces. ¿Cuántos grupos se sostendrían sin sus máscaras?

Hoy está caro. Hay que pagar la entrada y el brillo.

Maquiavelo está vigente: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.”

Saludos y escuchen a Lennon: “hola que tal, escucho a lennon”, NO!

No lo escuches para contar que lo escuchás.

Sólo escuchá.

La diferencia está adentro; el resto es decorado.

Publicado por Fanto para “Pensando por un sueño”

Gracias presidenta por haber hecho mención de esta obra.
De no ser así, me hubiera pasado desapercibida.

Cuando se empieza a hojear las páginas de la historia, se puede percibir que hay un componente común; un hilo conductor de todos los capítulos, un mismo esqueleto para distintas épocas y lugares. Se trata de la presencia de la ironía.
Aquí algunos pocos y populares ejemplos:

Que Menem diga que es Peronista.
Que Hitler haya sido un producto del voto popular.
Que Fidel sea uno de los políticos más ricos del mundo.
Que Bush acuse a alguien de Terrorista.

En estos tiempos, claro está, la ironía es una estrella pública y reluciente.
Y esta cualidad implica la presencia de la ironía sobre su propio significado.
Esto es: La ironía es tan visible y tan obvia, que ya no sorprende (esto es aún más irónico).

Retomo un concepto que creo haber mencionado en algún artículo anterior. Más allá de las sospechas sólidas sobre lo sincero o lo genuino de la decisión del gobierno de haberse vinculado activamente a las causas de Derechos Humanos, es visible e irrefutable que durante esta gestión, se ha avanzado sobre el esclarecimiento de los crímenes ejecutados desde el Estado en los 70.
Creo firmemente que la intervención militar (y las semillas que la antecedieron) fueron perversas desde todo punto de vista. Pero lo más triste de nuestra historia no es que un grupo de militares mató a montoneros, estudiantes, comunistas o lo que fuera. Lo más triste es que se intentó aniquilar la disidencia, se intentó abolir la diferencia, se pretendió “objetivizar” a los sujetos. Esto es lo que nuestra presidenta debiera incorporar (como todos nosotros) de las lecciones que nos da la memoria.

Pero lamentablemente estamos cada día más distantes de esa realidad.
He notado algunos tics imperativos del gobierno de los que en algunos casos ya hice mención. Alguno me dirá que soy redundante y lo comprendería. Pero mi insistencia está ligada en forma proporcional a mi preocupación. Quiero decir, lo que antes interpretaba como reacciones violentas a situaciones particulares, ahora empiezo a creer que, en realidad, se trata de una planificada metodología del ejercicio del poder.
Y ahí es donde la ironía toma protagonismo. Al gobierno que públicamente más ha desmenuzado y condenado a la mencionada sección de la historia, se le puede atribuir algunos patrones de conducta que paradójicamente son comparables con los que critica. No en los resultados, pero sí en las intenciones.

Sabemos lo que ocurrió con los “caceroleros” en Plaza de Mayo. A eso hay que sumarle que pocos días atrás el periodista Jorge Fontevecchia fue agredido física y verbalmente por un grupo de manifestantes oficialistas. Lo mismo ocurrió con Ricardo López Murphy.
La violencia es un instrumento avalado y promocionado por el gobierno.
No pretendo alimentar la paranoia ni hacer comparaciones poco felices. No me voy a sumergir en la irracionalidad. Pero si se repasa al “terrorismo” como concepto, nos encontramos con la siguiente definición que nos brinda “Wikipedia”: El terrorismo es una sucesión de actos de violencia que se caracteriza por inducir terror en la población civil de forma premeditada. Dentro de los comportamientos forzados por la amenaza del terrorismo en dicha población civil se incluyen la aceptación de condiciones de muy diversa índole: políticas, económicas, lingüísticas, de soberanía, religiosas, etc. Cuando este tipo de estrategias es utilizado por gobiernos oficialmente constituidos, se denomina terrorismo de Estado.
Como dije, no estoy insinuando esa barbaridad; sería incluso una falta de respeto para quienes han perdido la vida por ser, simplemente, ciudadanos. Pero hay un aire en el ambiente tenso y denso. Un microclima de gargantas desgastadas, de caras transpiradas, del impulso al adjetivo doloroso, del bien, del mal, de nosotros, de ustedes, de patria, de colonia, de golpe, de oligarquía, de matones, de golpes, de insultos, de democracia. ¿De democracia?
Mientras en ínfimos días sucedieron esas indeseadas y novedosas (para los más jóvenes) escenas, el gobierno lanzó un observatorio de medios y corre el rumor de que Rudy Ulloa pretende adquirir Telefé .
Golpes a periodistas, a políticos, a manifestantes pacíficos; compra y control de medios.
Y en este contexto, el gobierno recurre a la receta de gritar desaforadamente la palabra “democracia” en cada paso que da.

La ironía está en su auge.

Pasan cosas raras en esta Argentina.
Porque además cabe recordar la vida de los Kirchner en los 70 , de sus concepciones sobre los modelos económicos en los 90 y de que hoy en día mientras sus aficionados gritan “Patria sí, Colonia no” le renuevan el contrato a Pan American para explotar el petróleo del sur por 20 años (con opción a otros 20).
Frecuentemente disfruto del uso de la ironía, por eso, desde la modestia de este espacio, quiero distinguir al gobierno por manejar con tanta excelencia ese recurso. Felicitaciones.

(Tal como explícitamente se menciona en el título, el presente texto es la continuación del anterior; es el segundo fragmento de una unidad. Para quien no haya leído la primera parte, ni pretenda hacerlo, es vital saber que la tipografía roja, corresponde al artículo de José Pablo Feinmann y la negra corresponde a mi apreciación acerca de sus párrafos.)

Me apena, Beatriz, y me da bronca también que tu gorilismo haga de mí forzosamente un peronista. Porque ya no quiero serlo. Me gustaría ir más allá. Avanzar, pero sobre esa base, eh. No negándola neuróticamente. En la Argentina, un partido de centroizquierda (que es lo más que podríamos lograr, y no la reforma agraria como piden los eternos despistados) no debiera desconocer algunas cosas que el peronismo hizo, y debiera abominar de otras: del Perón que puso a Villar (asesino educado por los paras franceses, formado para la tortura en la Escuela de las Américas, el que rompió con una tanqueta las puertas del PJ en donde eran velados los muertos de la masacre de Trelew) en la Jefatura de Policía, del Perón que pidió que ficharan a la periodista Ana Guzzeti porque le había hecho una pregunta incómoda ¡en una conferencia de prensa! (¿Ves? Será por eso que K no las hacía. A ver si le surgía el Perón que todos llevan dentro y pedía que lo ficharan a Morales Solá.) Pero eso es lo que me molesta de los gorilas: son tan cerradamente antiperonistas, tan intolerables en su odio de clase o en la negación de su pasado, que la creatividad se les torna imposible.

A mi lo que me apena es que la disidencia ideológica le reprima sus deseos ocultos. Es más que noble su pretensión evolutiva, y como apoyo esa causa, le sugiero que no se subestime, ya que usted tiene los recursos espirituales e intelectuales para ir más allá.

Usted hace referencia al odio del antiperonismo pero fíjese la paradoja, es su odio al anti antiperonismo lo que lo lleva al estancamiento. Muchas de las páginas del Peronismo tienen un valor excepcional, pero por otro lado tiene otras que son para el olvido (o mejor dicho, para la memoria). En su valorable búsqueda por mejorar al Peronismo le sugiero que no se aferre a sus virtudes, sino a sus defectos, puesto que son éstos los que hay que reformular.

Al leer la última oración de su párrafo, me dio la sensación que usted padece aquello que critica del antiperonismo. Usted ha evidenciado ser cerradamente peronista, asumiendo incluso, que por el momento se le imposibilita trascender a ese “pensamiento”. Ha demostrado ser intolerable en su odio de clase a lo largo de su texto. Y sin duda, la creatividad se le ha tornado imposible.

Ahora bien, demandar tolerancia o amplitud a quienes no son afines al peronismo cuando históricamente la intolerancia (que bien se evidencia en el ejemplo que usted cita) y la exclamación del “único camino”, han sido una constante en el Peronismo, habla de un pedido constructivo pero que roza lo tragicómico.

Breve acotación sobre el ejemplo que usted menciona sobre la periodista Ana Guzzeti: Las preguntas sólo son incómodas cuando las respuestas son incómodas.

Segunda acotación y también breve: me sorprende de usted, protagonista de la década de las utopías, que ahora trate de “eternos despistados” a los que todavía las tienen. Porque más allá de algunas diferencias que pueda tener, reconozco que los utópicos de hoy tienen un doble mérito. El primero es la constancia, y el segundo, es el hecho de que tener utopías cuando el contexto se ha encargado de abolirlas, puede percibirse como una ingenuidad pero, al mismo tiempo, tiene incluso más valor, por el hecho de seguir corriendo con viento en contra.

(Sarlo ha dicho que reniega de todo lo que escribió antes de 1980, creo que ésa era la fecha, cito de memoria, ¿cómo es posible eso, cómo es posible cercenarse así? ¿Por qué, porque acompañó al peronismo en ciertos trechos, porque estuvo en el PCR apoyando a Isabel pero con la comprensible actitud de bloquear el golpe?) El gorila te obliga a defender al peronismo. Porque te das cuenta en seguida de lo que siempre está detrás del gorila: nosotros, te dicen, no somos ellos; no somos los negros, las clases inferiores, la barbarie que describió Sarmiento. Somos cultos, somos blancos, somos educados y si no lo entienden los vamos a matar a todos de nuevo. Porque también –desde Ambrosio Sandes, Paunero e Irrazábal hasta Videla– somos los que mejor y más hemos liquidado gente en la Argentina. El primer peronismo, señores, con todo lo autoritario y enemigo de la democracia que fue, tuvo un solo, lamentable muerto: Ingalinella. Después vino la Triple A: que mató peronistas, a Troxler, a Atilio López y a valiosos hombres de la izquierda como Silvio Frondizi. Pero sobre todo: peronistas, cuadros de la JP, clandestinos y de superficie. Pero la patria agraria y financiera que respaldó a Videla y Martínez de Hoz arrasó con una generación completa. Estoy harto de discutir con gorilas, Beatriz: no quiero defender al peronismo. Quiero pensarlo. El gorila, con su odio, te impide pensar.

Honestamente lo noto algo paranoico pero con absoluta modestia creo poder tranquilizarlo. Creo que está sobrestimando y magnificando el verdadero poder actual de los que son partidarios de la dictadura militar. Mire, de las últimas elecciones presidenciales, en las que la presidenta ganó notoriamente, hay un 45% de personas que afortunadamente no son afines a la mencionada tiranía. Pero tampoco creo que en el 55% del resto de los electores haya demasiados. Tengo firmes convicciones y argumentos que me permiten asegurar que ni los votantes de Carrió, de Lavagna, de Rodríguez Sáa, de Pino Solanas, de López Murphy y de Vilma Ripoll podrían siquiera insinuar, alguna vez, que avalarían el retorno de la barbarie. Basándome en un prejuicio que incluso me incomoda, me animaría a sospechar que algunos de los ínfimos votantes de Sobisch podrían llegar a reivindicar algunos de sus “valores”.

Despójese del ego. No piense que el que no es peronista sí es tirano.

Usted piensa que todo alemán que no es oficialista es Nazi?

Usted piensa que todo aquél que no votó a Zapatero es Franquista?

En cuanto a Cristina F., Sarlo dice, con frialdad, que “se dice” que “habla bien”. Reconoce que habla “de corrido”, que no vacila y que no se confunde “con los tiempos de los verbos”. Eso solo, Beatriz, haría de Cristina F. uno de los presidentes o de los políticos más insólitos de nuestra historia. Pero discrepo con Sarlo: Cristina F. no habla bien por no confundir los tiempos de los verbos, habla bien porque dice verdades que pocos se atreven a decir. Porque tiene razón es que habla bien. Porque hoy, ante este semigolpe institucional, ante este odio de clase, ante esta bronca que le tienen a este gobierno (sobre todo, como bien dice ella, por su política de derechos humanos), que los proto-golpistas califican de “revanchista”, “montonero” y “terrorista”, elementos de los que dicen se compone, la Presidenta no se amedrenta y les dice a los agro-piqueteros que son los “piquetes de la abundancia”. Y algo impecable, de una enorme justeza para definir la “tragedia” de los grandes productores (los pequeños es otro asunto que habrá que diferenciar): que el problema que tienen, dice Cristina F., la causa por la que luchan, reside en que si tienen tres 4×4 jamás aceptarán el despojo de tener sólo dos. Por eso habla bien Cristina F. Porque habla instrumentando el sentido que los griegos y toda la tradición de la filosofía de Occidente hasta Heidegger da a la palabra logos. Logos es pensamiento, concepto, discurso, razón. Y, muy especialmente para el tema que tratamos, logos es inteligencia. ¡Esto es un escándalo! El agro-golpismo, los ilustrados de la derecha y hasta los malhablados de las radios enfrentan hoy a una peronista que no sólo es inteligente, sino, además, mujer. Este “escándalo” los tiene locos. No lo pueden tolerar. Cristina F. tendrá que usar largamente su logos para que lo toleren, para que lo entiendan. De ahí, no de ellos, surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

Disiento profundamente en todo este extracto. Explicar los motivos sería redundante considerando la existencia de mis anteriores párrafos.

Lo que sí convendría aclarar es que probablemente Cristina se haya animado a decir cosas que otros no; pero seguro son muchas más las que no se animó y por eso nunca se ha enfrentado a una pregunta genuina. Es factible, como usted bien menciona, que en ese ámbito tendría los vicios de Perón. Si pudiera superar esa instancia, entonces sin duda surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.

José Pablo, lo disfrutaba mucho más como grieta que como sistema, pero en fin, cada uno elige su camino.

Saludos cordiales.

Artículos de los que se hace referencia:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html

http://www.lanacion.com.ar/998895

Pasado

En los 90 me sentí atormentado por lo plástico de los tonos y por la propagación de varios slogans que, finalmente, en la práctica, funcionaron como un masoquismo colectivo: “hacé la tuya”, “¿La política? Dejate de joder.”, exclamaban los oyentes de las radios después de la canción 26 del Top 40.

Los referentes políticos tuvieron el romance soñado con la apatía de nuestra sociedad. Tras las orgías de aquella época y las lunas de miel anuales, una noche de diciembre, se quebró un modelo político, económico, social y cultural que nos había dejado desalmados. Porque los 90 significaron una adicción casi narcótica; un placer inmediato a cambio de la condena posterior. Un país egoísta consigo mismo.

La postal de la tristeza y el olor a culpa impregnado. Claro, nuestras cicatrices son nuestra responsabilidad.

 

Pero aquel sistema de estupidización sistemática de la mencionada y emblemática década, tenía algunas grietas que permitían, al menos por un rato, aferrarnos a la esperanza. Esas grietas estaban personificadas -desde mi perspectiva, claro está- por tipos como José Pablo Feinmann, entre otros (pocos).

 

Presente

(al final encontrará los links de los artículos en los que se basa el presente texto)

 

Feinmann le responde al artículo de Beatriz Sarlo publicado el 27 de Marzo en el diario “La Nación” con una de las fórmulas más básicas e infantiles habidas y por haber: el recurso de la polarización. “Wikipedia” define a la “polarización” como “el proceso por el cual en un conjunto originariamente indiferenciado se establecen características o rasgos distintivos que determinan la aparición en él de dos o más zonas mutuamente excluyentes, llamadas polos.” Este concepto, traducido al “pensamiento Feinmann”, sería algo así como “Antes éramos amigos pero ahora yo sigo siendo Peronista, soy el bueno. Vos ahora que criticás al actual peronismo, sos de derecha, sos la mala. Yo soy peronista, soy del pobre, vos de derecha, sos de la oligarquía.” Esa afirmación, que está implícita en su texto, la justifica a partir de una concepción prototípica y trillada del universo, que además de ser aburrida, es de una profunda precariedad intelectual (para ser sutil). Feinmann denota en su pluma prejuicios insanos, conceptos rígidos que nada tiene que ver con convicciones consistentes.

Devela, además, una suerte de nobleza autorreferencial que se diluye en el traspaso del discurso a la práctica. Feinmann ha perdido su capacidad analítica y funciona como una maquinaria de repeticiones con argumentos en general válidos pero impertinentes. Responde con las mismas palabras a diferentes preguntas. Tiene una visión de la historia seguramente cierta pero sectaria. Un elitismo de la memoria. Y cuando uno no aprende del pasado sino que vive en el pasado se desorienta en el presente.

Ésta impronta, en algunos casos, atenta contra sí mismo y contra quien defiende.

Pero este no es un ejercicio de la crítica por la crítica misma y como no pretendo rebajarme a la adjetivización infundamentada, he aquí el desglose de lo anteriormente mencionado en función a lo enunciado en su propio artículo.

 

La tipografía roja pertenece al texto de Feinmann

La negra es mi “respuesta”

 

Ella, que insistía desde Punto de Vista en definirse constantemente como “una intelectual de izquierda”, ya no es sólo un cuadro intelectual de la derecha, ya es un cuadro de la oligarquía, una militante agraria. O lo fue la noche en que se entremezcló con las señoras de las exquisitas cacerolas, las cacerolas VIP, para aconsejarlas.

¿Cuáles son sus argumentos para tal valoración? ¿Por haber participado de una manifestación popular en contra de una medida particular de un gobierno que centraliza la riqueza, que condena a la dependencia a las provincias y que no distingue entre tener 20, 200 o 10.000 hectáreas, mientras se jacta de ser el símbolo de la distribución de la riqueza? Pero en fin, desconozco los motivos por los que Sarlo estuvo allí, pero si el planteo de Feinmann acerca de los grupos de pertenencia o de la afinidad ideológica se basa en la presencia (o no) en una marcha por un motivo donde la noción de justicia o injusticia es ambigua o discutible, entonces tiene tanta solidez como el viento.

Si usted considera, honestamente, que la mayoría de las personas que marcharon improvisadamente a Plaza de Mayo estaban allí para defender a la oligarquía o reivindicar los principios del Terrorismo de Estado, le sugiero que abandone por un tiempo la lectura del diario en el que escribe. El narcisismo no es recomendable para tener una perspectiva lúcida de la realidad.

Precisamente por lo espontánea y genuina, nadie puede garantizar la nobleza generalizada de los que participaron de tal manifestación. Si allí estuvo Cecilia Pando, como más tarde me enteré, pues lamento por ella sus obscenas y patéticas intenciones, pero seguro no logrará lo que haya ido a buscar. Sin duda su presencia fue funcional al gobierno que, una vez más, intenta manipular a la opinión pública decretando en sus discursos que los que estaban allí eran millonarios o golpistas.

Mire estimado Feinmann, los trabajadores del casino no creo que sean Videlistas, la gente que estaba allí con su bandera de Chascomús (pocas veces había visto una metáfora tan bella de la simpleza) no parecía estar desbordada de cuentas bancarias.

No caiga en el prejuicio como metodología de pensamiento que tan bien representada está por su primo.

La cosa es que en un artículo del 27 de marzo, como columnista de La Nación, escribió que los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo. Es una pena que una mujer de la inteligencia de Sarlo se encrespe tanto, se enfurezca con el peronismo y se convierta en una antiperonista, camino del que no se retorna, porque el antiperonismo es el atajo más efectivo para terminar en la derecha, rodeado por lo más reaccionario del país.

Sarlo escribió eso porque estuvo allí y usted debe bien saber que la óptica de los hechos difiere notablemente cuando se percibe desde sus entrañas a cuando se a(des)precia desde la TV.

¿Sabe por qué Sarlo escribió que “los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo”? Por una simple razón: porque los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo. Es una pena que un hombre de la inteligencia de Feinmann se encrespe tanto, se enfurezca con una mujer que cuenta y repudia lo acontecido y se convierta en un ciego por voluntad propia, camino del que no se retorna, porque la ceguera es el atajo más efectivo para terminar en la complicidad, rodeado por lo más reaccionario del país.

 

 

Pero gorila, y desde los medios del antiperonismo tradicional, desde los medios del poder agrícola, desde los medios de las grandes corporaciones, no, nunca.

Disculpe usted mi desconocimiento pero ¿Quiénes son los pulcros dueños del medio en el que usted escribe? ¿Con qué se sostiene Página 12? Claro, ahí yira una modesta porción de los billetes de las retenciones.

No tengo dudas que “La Nación” no tiene ni el más feliz, ni el más digno de los antecedentes, pero celebro que hoy algunos de los que escriban sean periodistas y no publicistas.

 

Sé que me dicen “kirchnerista” y Kirchner sabe que no lo soy, y eso a veces le da una bronca considerable y a veces, creo, me tiene estima.

 

Lamento la desilusión, honestamente me incomoda darle esta noticia, pero si usted no es Kirchnerista y dado el comprobable nulo grado de tolerancia que el ex presidente tiene hacia los que no piensan como él, no tiene ninguna chance de que le tenga estima.

 

Pero vamos al texto de Sarlo: Se presenta como una veterana de las manifestaciones, cosa que es. Sarlo ha sido, desde las movilizaciones revolucionarias de los setenta hasta los cacerolazos VIP de hoy, una experta en movilizaciones. Al serlo, está capacitada para orientar a estos nuevos, iracundos, representantes del descontento social. Le dice, entonces, “a una señora que caminaba con su cacerola y con su hija de seis o siete años” que se vaya porque “van a empezar las piñas”. “La señora quedó estupefacta.” ¿Cómo, nos van a pegar a nosotros?

¿Qué es lo cuestionable de la iluminada sugerencia de Sarlo, el hecho de haber acertado en la premonición?

Sarlo sabe de lo que habla. Yo también respeté excesivamente (es decir, les tuve miedo) a las patotas de la Juventud Sindical y del CdeO en los setenta, que eran durísimas, que ejercían el peor matonaje. Los peronistas vienen de abajo. Si el peronismo nunca “se porta bien” es porque representa, desde Perón y Eva, a la negritud de este país, a los cabecitas, a los grasitas, a los que les armó sindicatos, y esta gente, vea, tiene malos modales: si, por ejemplo, ven a una señora, con una nena, golpeando una cacerola Marmicoc con un cucharón de bronce se van a enfurecer. Seguro que le afanan la cacerola Marmicoc y, ya se sabe, a la nena también. Pero Sarlo debió haberle dicho a la señora que había unos cuantos neonazis en la manifestación. Y que esos fuertes chicos de Belgrano y Recoleta acaso pondrían en su lugar a los negros de la provocación. A quienes Sarlo enfrentó y les dijo en la cara: “Esto es una provocación”. Ahora, ¿lo otro no es una provocación? Cortar las rutas, cuando las cortan los agraristas, no es una provocación. Pero no: no pienso ir por aquí.

Hace bien en agregar el paréntesis en el que hace referencia al miedo. Confundir al miedo con el respeto es un pecado que ni la historia ni el presente pueden ni deben soportar.

Hay valores del peronismo que no merecen otra cosa más que la admiración. Mi abuela ha llegado a insinuar que Perón dignificó su existencia.

Pero hay que saber visualizar los matices. Probablemente había neonazis en la manifestación. Pero insisto, apártese del dogma; su visión es, en algunos casos, demasiado religiosa. Si yo tuviera el criterio acusatorio que usted predica en su categórica certeza sobre la presencia de neonazis, entonces debiera considerar a Perón como un ser no menos que repugnante por haber tenido como referente político a Mussolini o haberle puesto una alfombra roja para el ingreso de los nazis tras su derrota bélica o incluso haber tenido algunos amigos que luego fueron símbolos de épocas penosas de nuestra historia. Sin dudas esos son hechos lamentables pero es una versión parcial que se basa en la omisión de otros elementos. Es, por lo tanto, una categorización tan injusta como la suya.

Yo tengo aberración, como decía al principio de este artículo, por la columna vertebral del menemismo. Pero no por eso me opuse a la decisión de que el servicio militar pase de ser obligatorio a voluntario.

Por otro lado, si tanto desprecio tiene por Belgrano o Recoleta, le sugiero que sea un poco más consecuente y deje de hacer obras de teatro (que por cierto “4 jinetes apocalípticos” goza de la sublimidad que carece en su columna) en Palermo Hollywood a precios que no son precisamente de los más modestos. No es un criterio que yo comparta, pero me baso en sus preconceptos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-101533-2008-03-30.html

http://www.lanacion.com.ar/998895